Dista mucho de los magníficos establecimientos de Las vegas o Macao, tanto en opulencia como en tamaño, pero el glamour que transmite y la belleza intrínseca de su arquitectura siempre le ha permitido hacerse un hueco en la lista de los casinos más emblemáticos del mundo.

El Casino de Montecarlo es una de las grandes joyas del Principado de Mónaco, y se ha convertido en uno de sus lugares más visitados por los turistas. Un proyecto que comenzó a fraguarse en 1856 con la inauguración del primer casino en las cercanías del puerto.

La historia del Casino de Montecarlo

Impulsado por el príncipe de Mónaco Carlos III, en 1858 dio comienzo la nueva construcción del casino en el área de Les Spélugues, localización que hoy ocupa. El monarca buscaba con ello un impulso económico para la ciudad con un establecimiento que se convirtiera en un referente para sus ciudadanos y los visitantes que se acercaran al lugar. Las obras fueron ejecutadas bajo la dirección del arquitecto Gobineau de la Bretonnerie, autor también del diseño del Hotel París Monte-Carlo.

En 1863, Carlos III depositó su confianza en el magnate francés de los negocios François Blanc para dirigir los destinos del establecimiento, quien por entonces operaba con éxito el Casino Bad Homburg alemán. A cambio de casi dos millones de francos de la época y un diez por ciento de los beneficios que produjera el casino durante los siguientes cincuenta años, Blanc recogió el guante.

Para su gestión se crea una nueva empresa, la Société des Bains de Mer et du Cercle des Étrangers que en primer término se hizo cargo de esta labor hasta 1913. Tras ello, una de las primeras propuestas de François Blanc fue la de sustituir el nombre del lugar que albergaba el casino. Finalmente se optó por denominarlo Monte-Carlo, en honor al príncipe Carlos III.

Durante los años 1878 y 79, el casino amplió sus servicios y afrontó una primera remodelación bajo el diseño de los arquitectos Jules Dutrou y Charles Garnier, quien ya había diseñado la famosa Ópera de París (Ópera Garnier). Las reformas incluyeron una sala de conciertos por parte de Garnier (Salle Garnier), y la transformación completa del área de juego y los espacios públicos de la mano de Dutrou.

Tres años después se aplicaría una segunda reforma adicionando la sala de juegos Trente-et-Quarante, también diseñada por Charles Garnier. Lamentablemente, las obras y remodelaciones en las décadas posteriores han borrado gran parte de las contribuciones del excepcional arquitecto francés, aunque el edificio en sí deja ver ese distintivo estilo Beaux Arts.

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A día de hoy, el Casino de Montecarlo continúa siendo operado por la Société des bains de mer de Mónaco y es una importante fuente de ingresos para el gobierno y la familia real, accionistas mayoritarios de esta empresa pública.

Desde hace más de cien años, el establecimiento luce prácticamente como lo vemos en la actualidad. Un edificio majestuoso con una completa oferta de juego, que además es referencia en Europa por los eventos que organiza. No en vano, el Casino de Montecarlo acoge cada año el European Poker Tour Grand Final, es decir, el mayor evento de póker que se celebra en todo el viejo continente y que constituye la pieza final del EPT, de uno de los más importantes circuitos en vivo de PokerStars.

En el interior del casino la acción se distribuye maravillosamente a través de sus elegantes salones. Una antesala de estilo renacentista repleta de máquinas tragaperras de todos los tipos precede a la sala Europa con toda su variedad de mesas para Blackjack, Baccarat, Treinta y cuarenta, Ruleta europea, Ruleta inglesa y Dados. A continuación, la sala América con las máquinas más sofisticadas.

A esta diversidad de salones se le suman hasta tres salas privadas o la posibilidad de jugar póker en su exclusiva terraza acristalada de la Salle Blanche con vistas al Mediterráneo, y en verano incluso en sus jardines.

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Algunas curiosidades del Casino de Montecarlo

Llama la atención que los monegascos tengan prohibida la entrada al Casino de Montecarlo. Según parece, las autoridades del Principado quieren engrosar su patrimonio exclusivamente con los beneficios que dejan los turistas y no a costa de sus ciudadanos.

Por otro lado, el casino es muy popular por ser lugar de paso de una de las pruebas deportivas más famosas del mundo, el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1. Y no solo eso, en cuanto al mundo del motor, en muchas ediciones también es anfitrión y punto de salida del tradicional Rally de Montecarlo.

Esta bella edificación también ha sido protagonista en múltiples cintas de cine, sirviendo de improvisado plató para varias secuencias en las películas de la saga de James Bond del escritor Ian Fleming, como GoldenEye o Nunca digas nunca jamás. Del mismo modo, ha aparecido en Ocean’s Twelve.

Sea como fuere, tanto por su historia como por lo que representa para el Principado de Mónaco, el de Montecarlo es sin duda uno de los casinos más emblemáticos del planeta.