«La Historia del Arte» de Ernst Hans Gombrich, publicada por primera vez en 1950, es probablemente el libro de arte más leído del mundo. Con más de 8 millones de copias vendidas y traducido a 30 idiomas, este texto logró algo que parecía imposible: hacer accesible la historia del arte occidental sin sacrificar rigor académico. Gombrich construyó un relato que funciona tanto para el estudiante que se aproxima al arte por primera vez, como para el profesional que busca una visión panorámica clara.
Lo que distingue esta obra de otros manuales es su enfoque humanista: Gombrich no presenta el arte como una sucesión abstracta de estilos, sino como el resultado de personas concretas resolviendo problemas específicos. Cada periodo artístico surge de necesidades humanas reales, de búsquedas formales particulares, de respuestas a limitaciones materiales o ideológicas. Esta perspectiva transforma la historia del arte en algo vivo, no en un catálogo museístico.
Tras más de 70 años de su publicación, «La Historia del Arte» sigue siendo referencia fundamental en la educación artística mundial. Su influencia va más allá del contenido específico: estableció el modelo de cómo debe escribirse sobre arte para audiencias amplias sin renunciar a la profundidad.
Contexto: un historiador vienés en la posguerra británica
Ernst Gombrich (1909-2001) pertenecía a la brillante generación de historiadores del arte vieneses que revolucionaron la disciplina en la primera mitad del siglo XX. Formado en la tradición de la Escuela de Viena, con figuras como Julius von Schlosser y Emmanuel Löwy, Gombrich desarrolló una aproximación que combinaba el análisis formal riguroso con la comprensión psicológica de la creación artística.
La Segunda Guerra Mundial lo forzó al exilio en Londres, donde trabajó en el Warburg Institute, centro de estudios que integraba historia del arte con historia cultural más amplia. Fue precisamente en este contexto donde la editorial Phaidon le encargó escribir un libro de introducción al arte. Lo curioso es que Gombrich inicialmente rechazó el proyecto, considerándolo demasiado ambicioso. Finalmente aceptó con la condición de escribir como si hablara directamente con lectores inteligentes pero sin formación artística previa.
El libro se publicó en 1950, apenas cinco años después del fin de la guerra, en un momento donde Europa necesitaba reconstruir no solo infraestructuras sino también vínculos culturales. «La Historia del Arte» ofrecía precisamente eso: un relato que conectaba diferentes tradiciones europeas en narrativa común, sin nacionalismos ni jerarquías culturales rígidas.
Estructura y metodología: del arte primitivo al siglo XX
El libro sigue la organización cronológica clásica, pero con decisiones metodológicas que lo distinguen. Gombrich comienza no con prehistoria o antigüedad, sino con una reflexión sobre qué es el arte. Su famosa frase inaugural establece el tono: «No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas». Esta apertura desmitifica el arte como entidad abstracta y lo devuelve a la práctica humana concreta.
El recorrido atraviesa arte prehistórico, antiguas civilizaciones, Grecia y Roma, Edad Media, Renacimiento, Barroco, hasta llegar al arte moderno del siglo XX. Lo notable es cómo Gombrich establece continuidades: cada periodo no rompe completamente con el anterior, sino que responde a problemas heredados. El Renacimiento busca recuperar naturalismo clásico perdido en la Edad Media. El Barroco explora posibilidades dramáticas que el clasicismo renacentista había contenido. El impresionismo investiga percepción visual que la pintura académica había sistematizado rígidamente.
Esta estructura de problemas y soluciones convierte la historia del arte en un proceso de descubrimiento continuo. Cada artista no inventa desde cero, sino que trabaja con herramientas heredadas intentando resolver nuevas cuestiones o abordar viejos problemas desde ángulos frescos. Gombrich evita así dos trampas comunes: el progresismo ingenuo que ve evolución lineal hacia «mejor» arte y el relativismo extremo que considera todos los periodos inconmensurables entre sí.
El enfoque psicológico: ver y hacer
Una de las contribuciones más originales de Gombrich es su interés por la psicología de la percepción visual. Influenciado por la psicología de la Gestalt y por sus propias investigaciones sobre ilusión y representación, Gombrich examina cómo los artistas aprenden a ver y a representar lo que ven.
Por ejemplo, al analizar el arte egipcio, Gombrich no lo presenta como «primitivo» por no usar perspectiva, sino como un sistema de representación basado en conocimiento conceptual más que en apariencia óptica. Los egipcios representaban lo que sabían que existía, no solo lo que el ojo veía desde un punto de vista particular. Esta aproximación muestra respeto por diferentes modos de visualización sin caer en relativismo acrítico.
Del mismo modo, al discutir el desarrollo de la perspectiva renacentista, Gombrich la presenta no como simple conquista técnica sino como una revolución en la manera de concebir la relación entre observador y mundo. La perspectiva implica asumir un punto de vista único, subjetivo, temporal: el mundo visto desde aquí y ahora, no la verdad objetiva eterna. Este cambio conceptual tiene implicaciones filosóficas que trascienden la técnica pictórica.
Legado y críticas: entre el canon y la apertura
El éxito de «La Historia del Arte» es indiscutible, pero precisamente su influencia ha generado críticas importantes. La principal se centra en su eurocentrismo: el libro se enfoca casi exclusivamente en arte occidental, con menciones apenas tangenciales a otras tradiciones. Arte africano, asiático o precolombino aparecen principalmente como influencia exótica sobre artistas europeos (el primitivismo en Picasso, por ejemplo), no como tradiciones complejas con historias propias.
Ediciones posteriores han intentado matizar esto, pero la estructura básica del libro mantiene su foco occidental. Esto no lo invalida, pero sí requiere complementarse con textos que aborden tradiciones no europeas con similar profundidad. La historia del arte hoy debe ser global y «La Historia del Arte» de Gombrich representa una fase específica de la disciplina, no su límite definitivo.
Otra crítica se refiere al canon implícito. Gombrich privilegia ciertos artistas y movimientos mientras margina otros. Las mujeres artistas están prácticamente ausentes, el arte decorativo recibe atención menor que la pintura y escultura y las vanguardias más radicales del siglo XX aparecen con cierta reserva. Gombrich admiraba el arte moderno, pero mantenía distancia crítica respecto a manifestaciones que consideraba más ideológicas que propiamente artísticas.
Sin embargo, estas limitaciones no eclipsan los logros. «La Historia del Arte» estableció un estándar de claridad expositiva que sigue siendo modelo. Gombrich demostró que rigor académico y accesibilidad no son incompatibles. Su prosa evita jerga innecesaria sin simplificar en exceso, explica conceptos complejos con ejemplos concretos y mantiene ritmo narrativo que sostiene el interés del lector a lo largo de más de 600 páginas.
Relevancia contemporánea: más allá del manual introductorio
¿Por qué leer a Gombrich hoy, con tantas alternativas disponibles? Más allá de su función como introducción histórica, el libro ofrece un modelo de pensamiento sobre el arte que sigue siendo valioso. Gombrich enseña a mirar con atención, a preguntarse por qué los artistas toman decisiones específicas y a conectar forma visual con contexto cultural sin reducir una a otra.
Su insistencia en que no existe «el Arte» sino artistas resolviendo problemas concretos, resulta especialmente pertinente en época de arte conceptual y prácticas interdisciplinarias. Frente a definiciones esencialistas que buscan delimitar qué es y qué no es arte, Gombrich propone una aproximación pragmática: el arte es lo que los artistas hacen cuando trabajan con intención artística, en contextos que reconocen esa intención.
Para estudiantes, «La Historia del Arte» funciona mejor como segundo libro que como primero. Leerlo después de haber explorado periodos o artistas específicos, permite apreciar la síntesis que Gombrich logra, la manera en que conecta desarrollos aparentemente aislados en una narrativa coherente. Para profesionales, el libro ofrece un recordatorio de que la historia del arte debe explicarse, no solo catalogarse. La erudición sin claridad expositiva permanece inaccesible y la accesibilidad sin profundidad se vuelve superficial. Gombrich equilibra ambas.
«La Historia del Arte» de E.H. Gombrich no es texto perfecto ni pretende serlo. Sus limitaciones son evidentes desde una perspectiva contemporánea: eurocentrismo, canon restrictivo, género sesgado. Pero sus virtudes permanecen: claridad expositiva ejemplar, capacidad para conectar diferentes tradiciones y periodos y enfoque humanista que devuelve el arte a la experiencia humana concreta.
El libro enseña no solo historia del arte, sino una forma de pensar sobre el arte. Muestra que comprender el pasado artístico requiere empatía histórica: intentar entender por qué ciertas soluciones tenían sentido en contextos específicos, incluso si hoy nos parecen extrañas. Esta capacidad de descentramiento es fundamental no solo para la historia del arte, sino para cualquier aproximación humanística al pasado.
Después de más de siete décadas, «La Historia del Arte» sigue siendo un punto de partida válido para quien quiera comprender la tradición artística occidental. Debe complementarse con otros textos que expandan perspectivas y corrijan sesgos, pero como introducción al arte como práctica humana históricamente situada, el libro de Gombrich mantiene su valor. Su influencia en cómo pensamos y enseñamos arte es innegable y probablemente continuará siéndolo por generaciones futuras.
Fuentes y bibliografía
Fuentes principales:
- Gombrich, E.H. La Historia del Arte. Londres: Phaidon Press, 1950 (16ª edición revisada, 1995).
- Gombrich, E.H. Arte e ilusión: Estudio sobre la psicología de la representación pictórica. Londres: Phaidon Press, 1960.
- Gombrich, E.H. Meditaciones sobre un caballo de juguete y otros ensayos sobre teoría del arte. Londres: Phaidon Press, 1963.
Estudios sobre Gombrich:
- Woodfield, Richard (ed.). Gombrich on Art and Psychology. Manchester: Manchester University Press, 1996.
- Onians, John (ed.). Sight and Insight: Essays on Art and Culture in Honour of E.H. Gombrich. Londres: Phaidon Press, 1994.
- Kultermann, Udo. Historia de la historia del arte: El camino de una ciencia. Madrid: Akal, 1996.
Contexto histórico e historiografía:
- Holly, Michael Ann. Panofsky and the Foundations of Art History. Ithaca: Cornell University Press, 1984.
- Preziosi, Donald (ed.). The Art of Art History: A Critical Anthology. Oxford: Oxford University Press, 1998.
- Fernie, Eric (ed.). Art History and Its Methods: A Critical Anthology. Londres: Phaidon Press, 1995.
Explorar más
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- Bibliografía esencial de arte, arquitectura y diseño contemporáneo – Índice completo de fuentes fundamentales
- Hal Foster et al. – «Art Since 1900» – Historia crítica del arte del siglo XX
- Rudolf Arnheim – «Arte y percepción visual» – Psicología de la percepción aplicada al arte
Preguntas frecuentes de La Historia del Arte de Gombrich
¿Qué hace especial a «La Historia del Arte» de Gombrich?
Es el libro de arte más leído del mundo (más de 8 millones de copias) porque logra algo único: explicar la historia del arte occidental con rigor académico pero de forma completamente accesible. Gombrich no presenta el arte como catálogo de estilos abstractos, sino como resultado de artistas reales resolviendo problemas concretos. Su enfoque humanista y su prosa clara lo convierten en referencia tanto para principiantes como para profesionales que buscan visión panorámica.
¿Quién fue Ernst Hans Gombrich y por qué escribió este libro?
Gombrich (1909-2001) fue un historiador del arte vienés formado en la prestigiosa Escuela de Viena, exiliado en Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Trabajó en el Warburg Institute y la editorial Phaidon le encargó un libro introductorio al arte. Inicialmente rechazó el proyecto por ambicioso, pero finalmente aceptó con la condición de escribir como si hablara directamente con lectores inteligentes sin formación artística previa. El resultado transformó la divulgación del arte.
¿Qué periodos artísticos cubre «La Historia del Arte»?
El libro recorre desde el arte prehistórico hasta el arte moderno del siglo XX, pasando por antiguas civilizaciones, Grecia, Roma, Edad Media, Renacimiento y Barroco. Lo notable es que Gombrich establece continuidades: cada periodo responde a problemas heredados del anterior. Por ejemplo, el Renacimiento recupera el naturalismo clásico, el Barroco explora posibilidades dramáticas que el clasicismo había contenido, y el impresionismo investiga la percepción visual que la academia había sistematizado rígidamente.
¿Cuáles son las principales críticas a «La Historia del Arte»?
La crítica principal es su eurocentrismo: se enfoca casi exclusivamente en arte occidental, mencionando otras tradiciones solo como influencia exótica (el primitivismo en Picasso, por ejemplo). También tiene sesgos de canon: las mujeres artistas están prácticamente ausentes, el arte decorativo recibe menos atención que pintura y escultura, y mantiene cierta reserva hacia vanguardias radicales del siglo XX. Ediciones posteriores han intentado matizar estos problemas, pero la estructura básica mantiene su foco occidental.
¿Por qué Gombrich enfatiza la psicología de la percepción?
Gombrich, influenciado por la psicología de la Gestalt, examina cómo los artistas aprenden a ver y representar. Por ejemplo, analiza el arte egipcio no como «primitivo» sino como sistema basado en conocimiento conceptual (representar lo que se sabe que existe) versus apariencia óptica. La perspectiva renacentista no es solo técnica sino revolución conceptual: implica un punto de vista único, subjetivo y temporal. Este enfoque muestra que diferentes modos de representación responden a distintas maneras de concebir la relación entre observador y mundo.
¿Sigue siendo relevante «La Historia del Arte» hoy en día?
Sí, por varias razones. Primero, establece modelo de claridad expositiva que sigue siendo referencia. Segundo, enseña a mirar con atención y preguntarse por qué los artistas toman decisiones específicas. Tercero, su idea de que «no existe el Arte, solo artistas» resulta pertinente frente a definiciones esencialistas. Debe complementarse con textos que corrijan su eurocentrismo y sesgos de género, pero como introducción al arte occidental y como modelo de pensamiento sobre arte, mantiene su valor después de 70 años.
¿Para quién es recomendable este libro?
Para estudiantes funciona mejor como segundo libro que como primero: leerlo después de explorar periodos específicos permite apreciar la síntesis que logra. Para principiantes absolutos ofrece panorama completo y accesible. Para profesionales es recordatorio de que la historia del arte debe explicarse claramente, no solo catalogarse. También es valioso para docentes como modelo de cómo comunicar conocimiento especializado sin sacrificar rigor ni caer en simplificación excesiva.


