El microcemento en paredes representa una evolución estética significativa respecto a revestimientos tradicionales como pintura, papel pintado o gotelé. Su capacidad para generar superficies continuas sin juntas, combinada con la variedad de acabados y tonalidades posibles, ha convertido este material en protagonista de proyectos de interiorismo que buscan atemporalidad y carácter distintivo. A diferencia de la aplicación en suelos, donde las solicitaciones mecánicas son determinantes, el microcemento en paredes prioriza aspectos estéticos y de durabilidad ante impactos leves, permitiendo espesores más reducidos y técnicas de aplicación específicas.

La decisión de revestir paredes con microcemento responde tanto a motivaciones funcionales como estéticas. Desde la perspectiva funcional, el microcemento ofrece resistencia superior a la pintura convencional frente a roces, humedad ambiental y manchas, siendo especialmente valorado en zonas de alto tránsito como distribuidores, escaleras o espacios comerciales. Su mantenimiento simplificado, al no requerir repintados periódicos y admitir limpieza con detergentes convencionales sin degradación, reduce los costes de conservación a largo plazo comparado con superficies pintadas que requieren renovación cada 4-6 años.
Desde el punto de vista estético, el microcemento permite crear continuidades visuales que unifican espacios, eliminando las interrupciones perceptivas que generan cambios de material. La posibilidad de aplicarlo tanto en paredes como en suelos del mismo espacio, manteniendo tonalidad coherente, crea sensación de amplitud especialmente valorada en viviendas urbanas de dimensiones reducidas. Los acabados mate característicos del microcemento absorben luz de manera diferente a superficies pintadas brillantes, generando atmósferas más cálidas y menos reflectantes que evitan deslumbramientos en espacios muy iluminados.
Sin embargo, la aplicación de microcemento en paredes presenta desafíos técnicos específicos que difieren sustancialmente de la aplicación en horizontal. La verticalidad introduce complicaciones relacionadas con la adherencia del material mientras cura, la necesidad de técnicas de llaneado adaptadas para evitar descuelgues y la gestión de encuentros con elementos como zócalos, marcos de puertas o instalaciones eléctricas. La preparación del soporte vertical requiere atención particular a irregularidades y fisuras preexistentes que, en pared, son más visibles bajo iluminación rasante que en suelos.
Este artículo analiza el proceso completo de aplicación de microcemento en paredes, desde la evaluación del soporte hasta los acabados decorativos avanzados. Se detallan las diferencias técnicas respecto a la aplicación en suelos, los espesores óptimos para paredes según tipo de tránsito previsto, y las técnicas específicas de aplicación vertical que minimizan defectos. Más allá del protocolo estándar, se abordan aplicaciones decorativas avanzadas como efectos marmolados, oxidados o metalizados que aprovechan las propiedades plásticas del material en vertical.
Diferencias técnicas: paredes vs suelos
La aplicación de microcemento en paredes requiere adaptaciones técnicas sustanciales respecto a la aplicación en superficies horizontales. Estas diferencias no son meramente procedimentales sino que responden a solicitaciones físicas y mecánicas fundamentalmente distintas que determinan espesores, composiciones de mezcla y técnicas de aplicación específicas.
La primera diferencia radica en las cargas mecánicas. Los suelos soportan cargas de compresión continuas (peso de mobiliario, tránsito de personas) y cargas puntuales de impacto (caída de objetos). Las paredes, en contraste, experimentan principalmente cargas laterales leves (roces, empujes accidentales) y, ocasionalmente, impactos localizados. Esta diferencia fundamental permite reducir espesores en paredes: mientras un suelo requiere típicamente 3-4 mm de espesor total del sistema (dos capas base + acabado), una pared puede resolverse satisfactoriamente con 2-2.5 mm (una capa base + acabado), reduciendo carga sobre el soporte vertical y minimizando riesgo de desprendimiento por peso propio.
La verticalidad introduce el factor gravitacional como complicación durante la aplicación. En los suelos, el material extendido permanece en posición mientras cura. En paredes, existe riesgo de descuelgue (deslizamiento del material antes de fraguado) si la mezcla tiene excesiva fluidez o si se aplica en capas demasiado gruesas. Este fenómeno es especialmente crítico en los primeros 30-60 minutos tras aplicación, cuando el material mantiene plasticidad pero aún no ha desarrollado resistencia mecánica inicial. Las formulaciones de microcemento para paredes incorporan modificaciones reológicas (aditivos que incrementan tixotropía) que aumentan viscosidad aparente del material en reposo, minimizando descuelgues sin comprometer la trabajabilidad durante llaneado.

La preparación del soporte presenta diferencias cualitativas. En suelos, las irregularidades menores de planitud (desniveles de 2-3 mm en distancias de 2 metros) son tolerables y el microcemento puede compensarlas mediante las capas base. En paredes, estas mismas irregularidades son visibles bajo iluminación rasante, especialmente con luz natural lateral que acentúa texturas. Las paredes requieren, por tanto, regularización más meticulosa previa: masillado de fisuras, eliminación de protuberancias y, en algunos casos, aplicación de mortero autonivelante vertical específico que corrija ondulaciones pronunciadas heredadas de enfoscados deficientes.
El curado del material también presenta particularidades en vertical. En suelos, la evaporación del agua de amasado ocurre principalmente por la superficie superior expuesta al aire. En paredes, existe además migración de humedad hacia el soporte poroso (si este es yeso, mortero de cemento tradicional, etc.), acelerando el curado en la interface material-soporte pero ralentizándolo en la superficie exterior. Esta asimetría en el curado puede generar tensiones internas que se manifiestan como microfisuras superficiales si no se controla la humedad ambiental durante los primeros días tras aplicación. Las condiciones óptimas de curado en paredes son temperatura 18-22°C y humedad relativa 50-65%, evitando corrientes de aire directas que aceleren evaporación superficial excesiva.
La técnica de llaneado difiere sustancialmente. En suelos, la llana se desplaza horizontalmente con presión uniforme. En paredes, el llaneado requiere movimientos ascendentes que contrarresten la gravedad, aplicando presión firme pero sin exceder umbrales que generen acumulaciones. La dirección del llaneado en paredes puede ser estratégica: llaneado vertical continuo genera textura lineal direccional; llaneado con movimientos curvos o semicirculares produce textura más isótropa. Esta diferencia, sutil en suelos donde la perspectiva del observador es cenital, resulta determinante en paredes donde la visión lateral del usuario acentúa cualquier patrón direccional.
Los encuentros con elementos constructivos son más frecuentes y complejos en paredes que en suelos. Mientras un suelo presenta principalmente perímetros en contacto con paredes, una pared incluye múltiples discontinuidades: zócalos, marcos de puertas y ventanas, cajas de electricidad, radiadores, estanterías empotradas. Cada uno de estos encuentros requiere resolución específica, habitualmente mediante juntas de separación rellenas con sellador flexible o, en casos de elementos empotrados, mediante cuidadoso remate perimetral que evite acumulaciones de material en ángulos. La complejidad geométrica de una pared típica triplica el tiempo de aplicación por metro cuadrado comparado con un suelo continuo sin obstáculos.
Finalmente, la inspección visual es más exigente en paredes. Un suelo se observa habitualmente desde distancias superiores a 1.5 metros y con ángulo oblicuo. Una pared se inspecciona a distancias de 0.5-1 metro y con visión perpendicular que acentúa imperfecciones. Las marcas de llana, pequeñas irregularidades de espesor o variaciones tonales que serían imperceptibles en suelo resultan visibles en pared, especialmente bajo iluminación rasante. Esta mayor exigencia estética requiere, en muchos casos, una tercera capa de microcemento fino en paredes donde en suelos sería prescindible, añadiendo coste y tiempo de ejecución.
Preparación del soporte vertical: protocolos específicos
La preparación del soporte vertical constituye fase determinante cuya meticulosidad condiciona directamente el resultado final. A diferencia de suelos donde defectos menores pueden tolerarse, en paredes la preparación debe alcanzar estándares más exigentes debido a la mayor visibilidad de imperfecciones bajo iluminación lateral.
El primer paso es evaluación exhaustiva del soporte existente. Las paredes interiores habitualmente presentan cuatro tipos de acabados: yeso proyectado, enfoscado de mortero de cemento, placas de cartón-yeso (pladur) o azulejos cerámicos. Cada uno requiere protocolo específico. El yeso proyectado, común en construcción española reciente, presenta superficie relativamente lisa pero puede incluir imperfecciones puntuales (salpicaduras, ondulaciones) que deben eliminarse mediante lijado con malla abrasiva grano 80-100. El yeso, además, es material higroscópico que absorbe humedad del microcemento, acelerando curado pero también incrementando riesgo de desprendimiento si no se imprime correctamente. La imprimación sobre yeso debe ser específica, creando puente de adherencia entre la baja resistencia mecánica del yeso y la mayor dureza del microcemento.
El enfoscado de mortero de cemento, característico de construcción tradicional o zonas húmedas, presenta mayor resistencia mecánica que el yeso pero frecuentemente incluye irregularidades de planitud más pronunciadas. La verificación de planitud en paredes con enfoscado se realiza mediante regla metálica de 2 metros, identificando desviaciones superiores a 3 mm que requieren regularización. El mortero autonivelante vertical específico, aplicado con llana en espesores de 3-5 mm, permite corregir ondulaciones sin necesidad de picar y rehacer el enfoscado completo. Este mortero debe curar completamente (mínimo 7 días a 20°C) antes de aplicar microcemento, verificando mediante higrómetro que humedad residual es inferior a 3%.
Las placas de cartón-yeso presentan desafío específico relacionado con juntas entre placas. Aunque el microcemento puede aplicarse directamente sobre pladur correctamente instalado y tratado, las juntas entre placas generan líneas de debilidad potenciales. El protocolo correcto requiere que estas juntas estén perfectamente masilladas con masilla específica para pladur, reforzadas con cinta de fibra de vidrio y lijadas hasta conseguir transición imperceptible. Las juntas insuficientemente tratadas se manifestarán como fisuras en el microcemento meses después, cuando movimientos higrotérmicos del edificio generen microdesplazamientos entre placas adyacentes. Sobre pladur, la imprimación debe penetrar suficientemente en el cartón superficial sin saturarlo excesivamente, equilibrio que requiere aplicación cuidadosa con brocha o rodillo de pelo corto.
Los azulejos cerámicos en paredes siguen protocolo similar al descrito en artículo específico sobre aplicación en azulejos, pero con particularidad de la verticalidad. La imprimación sobre cerámica vertical debe tener viscosidad ligeramente superior a la empleada en horizontal para minimizar descuelgues durante su curado. El tiempo de secado de imprimación en paredes puede prolongarse respecto a horizontal, especialmente en azulejos con juntas profundas donde el producto queda parcialmente confinado. La verificación de secado completo mediante test táctil (superficie seca al tacto, no pegajosa) es imprescindible antes de aplicar primera capa de microcemento.
La limpieza profunda del soporte es operación aparentemente trivial pero crítica. Las paredes acumulan polvo, grasas (especialmente en cocinas), restos de humo (en viviendas con fumadores) y, en baños, depósitos de cal y jabón. Estas contaminaciones superficiales interfieren con adherencia de imprimaciones. El protocolo de limpieza comienza con aspirado o barrido en seco, continúa con lavado mediante detergente desengrasante alcalino (pH 10-12), enjuague con agua limpia y secado completo. En zonas con manchas persistentes de humedad (eflorescencias salinas), puede requerirse tratamiento con ácido diluido (ácido clorhídrico 5-10%) que elimine sales cristalizadas, seguido de neutralización con agua abundante.
Las fisuras preexistentes en paredes requieren tratamiento diferenciado según amplitud. Fisuras capilares (ancho <0.3 mm) pueden rellenarse directamente con la primera capa de microcemento sin tratamiento previo, dado que el material tiene capacidad de micropuenteado que absorbe estas pequeñas discontinuidades. Fisuras medias (0.3-1 mm) deben abrirse ligeramente mediante radial con disco de diamante delgado, creando surco en V que permite penetración de masilla elástica específica para fisuras. Las fisuras anchas (>1 mm) o fisuras activas (que evidencian movimientos estructurales del edificio) requieren evaluación estructural antes de proceder; aplicar microcemento sobre fisuras activas sin resolver su origen generará inevitablemente fisuras en el acabado que replican el movimiento subyacente.
El tratamiento de esquinas y aristas merece consideración específica. Las esquinas salientes (aristas exteriores) son puntos vulnerables a impactos. El refuerzo mediante perfiles metálicos de esquina o, alternativamente, malla de fibra de vidrio embebida en primera capa de microcemento, proporciona resistencia mecánica adicional en estos puntos críticos. Las esquinas entrantes (rincones) presentan tendencia a acumulación de material durante aplicación; la técnica correcta es aplicar menos cantidad de microcemento en estas zonas, extendiendo desde el rincón hacia el plano de pared con llana limpia que evite acumulaciones.
Técnicas de aplicación vertical: evitando descuelgues
La aplicación de microcemento en superficies verticales requiere adaptaciones técnicas específicas en la metodología de trabajo que minimizan el riesgo de descuelgues y garantizan adherencia uniforme durante el periodo crítico de curado inicial. Estas técnicas, desarrolladas por aplicadores experimentados a través de años de práctica, constituyen conocimiento tácito que frecuentemente no aparece en las fichas técnicas de fabricantes.
La imprimación en paredes se aplica preferentemente con brocha en lugar de rodillo. Aunque el rodillo permite cubrir superficie más rápidamente, la brocha asegura penetración más efectiva del producto en irregularidades microscópicas del soporte y permite control más preciso de la cantidad aplicada. En paredes, el exceso de imprimación genera escurridos que deben eliminarse inmediatamente mediante brocha seca; estos escurridos, si se dejan secar, crean zonas de sobreespesor que se manifestarán como relieves en el acabado final. La técnica correcta es aplicación mediante brochazos cortos, trabajando de arriba hacia abajo en franjas verticales de 30-40 cm de ancho, repisando inmediatamente con brocha casi seca que distribuye uniformemente el producto sin generar acumulaciones.
La preparación de la mezcla de microcemento para paredes requiere ajustes respecto a la aplicación en suelos. La consistencia óptima debe ser ligeramente más densa, comparable a yogur griego en lugar de yogur líquido. Esta mayor viscosidad se logra mediante reducción del agua de amasado en aproximadamente 5-10% respecto a las proporciones especificadas por el fabricante para aplicaciones horizontales. Este ajuste debe realizarse gradualmente, evaluando la trabajabilidad del material: una mezcla excesivamente densa dificulta el llaneado y puede generar marcas pronunciadas; una mezcla demasiado fluida descuelga antes de fraguar. La verificación práctica consiste en aplicar pequeña cantidad en zona discreta de la pared y observar durante 5 minutos: si el material se desliza verticalmente más de 2-3 mm, la mezcla requiere mayor densidad.
La carga de material en la llana es operación crítica en vertical. Mientras en suelos puede cargarse la llana completamente con material, en paredes debe limitarse a cantidad equivalente a aproximadamente 60-70% de la capacidad de la llana. Esta limitación minimiza el peso de material que la llana debe sostener contra gravedad durante la aplicación, reduciendo fatiga del aplicador y permitiendo mayor control. La carga de material en llana se realiza utilizando llana auxiliar pequeña (llana de esquina de 10-12 cm) que transfiere material desde el cubo a la llana de trabajo sin necesidad de sumergir esta última en el recipiente.
La dirección de llaneado en paredes debe ser predominantemente ascendente, contraria a la gravedad. El movimiento comienza en parte baja de la zona a trabajar, llana inclinada aproximadamente 30-40° respecto a la superficie, aplicando presión firme pero no excesiva, y desplazando hacia arriba en trayectoria que puede ser vertical recta o ligeramente curva. Al final del movimiento ascendente, la llana se retira suavemente de la pared sin descarga brusca que generaría acumulación. La superposición entre pasadas de llana debe ser de 2-3 cm, asegurando que no queden juntas visibles entre franjas. Esta técnica, aunque consume más tiempo que el llaneado descendente que seguiría dirección natural de gravedad, minimiza riesgo de descuelgues al compactar el material hacia arriba.
El espesor de aplicación por capa es más crítico en paredes que en suelos. Mientras en suelos una capa puede alcanzar 1.5-2 mm sin riesgo, en paredes el espesor máximo recomendado por capa es 1-1.2 mm. Espesores superiores incrementan dramáticamente el riesgo de descuelgue y también generan retracción diferencial entre superficie expuesta (que pierde humedad rápidamente) y zona en contacto con soporte (que retiene humedad más tiempo), provocando tensiones internas que se manifiestan como microfisuras. La verificación de espesor se realiza mediante peines calibrados: se aplica el peine sobre material recién aplicado y se verifica que las marcas dejadas son uniformes y no desaparecen por exceso de material.

Los tiempos entre capas en paredes son ligeramente más prolongados que en suelos. La primera capa de microcemento en pared debe estar completamente seca al tacto antes de aplicar segunda capa, verificando no solo que la superficie no se marca al presionar con dedo sino que tampoco presenta zonas más oscuras indicativas de humedad residual. A 20°C y 60% HR, este tiempo es típicamente 6-8 horas, pero puede prolongarse a 12 horas en condiciones de temperatura inferior o humedad elevada. La aplicación prematura de segunda capa sobre primera insuficientemente curada puede reactivar parcialmente la primera, generando zonas blandas que nunca alcanzan resistencia mecánica adecuada.
El lijado intermedio entre capas es especialmente importante en paredes. Las marcas de llana, pequeñas protuberancias o acumulaciones en encuentros que serían poco visibles en suelo resultan evidentes en pared bajo iluminación lateral. El lijado se realiza con malla abrasiva grano 120-150 en movimientos circulares suaves, eliminando defectos sin retirar material excesivo que generaría áreas de menor espesor. El polvo generado debe eliminarse completamente mediante aspiración antes de aplicar capa siguiente; un paño húmedo pasado suavemente sobre la superficie asegura remoción de partículas finas que la aspiración puede no capturar.
La aplicación en esquinas y encuentros requiere técnica específica. En esquinas entrantes (rincones), la secuencia correcta es aplicar primero en una de las dos paredes formando el rincón, llevar el material hasta 1-2 cm antes de la arista, dejar curar parcialmente (15-20 minutos hasta que material ha perdido brillo pero no está completamente seco), y entonces aplicar en pared perpendicular superponiendo ligeramente con la primera. Esta secuencia evita acumulación excesiva de material en la arista del rincón. En esquinas salientes (aristas exteriores), especialmente si están reforzadas con perfil metálico, se aplica material desde el plano de pared hacia la arista, llevando suavemente el microcemento sobre el perfil mediante llana flexible que se adapta al cambio de plano.
Espesores óptimos y composición de capas
La determinación del espesor total del sistema de microcemento en paredes requiere equilibrar consideraciones mecánicas, estéticas y económicas que difieren sustancialmente de los criterios aplicados en suelos. Mientras en suelos el espesor viene dictado principalmente por resistencia a cargas de compresión y abrasión, en paredes los factores determinantes son adherencia al soporte vertical, resistencia a impactos leves y, críticamente, minimización del peso total del sistema para evitar desprendimientos gravitacionales.
El sistema estándar para paredes de tránsito moderado (viviendas residenciales, oficinas) consiste en tres capas: una capa base, una segunda capa de regularización y una capa de acabado. La primera capa base, aplicada directamente sobre la imprimación curada, tiene espesor objetivo de 0.8-1 mm. Su función primordial es garantizar adherencia al soporte y comenzar a regularizar irregularidades menores. Esta capa debe aplicarse con presión firme, compactando el material contra el soporte para maximizar contacto y minimizar aire atrapado en la interface. El tiempo de curado antes de aplicar segunda capa es típicamente 6-8 horas a 20°C y 60% HR.
La segunda capa, también de microcemento base, se aplica en espesor similar (0.8-1 mm) pero con dirección de llaneado perpendicular a la primera. Esta perpendicularidad minimiza que marcas de llana de ambas capas coincidan, evitando líneas visibles en el acabado final. Tras esta segunda capa base, el sistema ha alcanzado espesor estructural de 1.6-2 mm, suficiente para paredes que no reciben impactos significativos. La evaluación de la necesidad de una tercera capa base depende de la calidad del resultado tras segunda capa: si la superficie presenta planitud satisfactoria sin marcas de llana visibles ni irregularidades, puede procederse directamente a capa de acabado; si persisten imperfecciones, una tercera capa base aporta oportunidad adicional de corrección.
La capa de acabado, aplicada con microcemento de granulometría fina (árido máximo 0.1 mm frente a 0.2-0.3 mm del microcemento base), tiene espesor objetivo de 0.4-0.6 mm. Esta capa determina la estética final: textura superficial, intensidad del color y grado de brillo tras sellado. La técnica de aplicación de esta capa admite variaciones creativas: llaneado en movimientos largos y continuos genera textura direccional; llaneado con movimientos cortos y circulares produce textura más irregular y artesanal; aplicación mediante llana veneciana con movimientos cruzados y presión variable crea efecto ligeramente pulido con variaciones tonales sutiles.
El espesor total del sistema para paredes residenciales oscila así entre 2-2.5 mm, significativamente inferior a los 3-4 mm típicos en suelos. Esta reducción tiene implicación económica directa: un sistema de pared consume aproximadamente 30% menos material que un sistema de suelo, lo que, junto a tiempos de aplicación ligeramente menores por metro cuadrado en zonas sin obstáculos, reduce el coste de aplicación. Sin embargo, debe considerarse que las paredes habitualmente presentan mayor densidad de interrupciones (puertas, ventanas, instalaciones) que incrementan tiempo de ejecución, compensando parcialmente la ventaja del menor espesor.
En aplicaciones de alto tránsito o donde se prevén impactos más significativos (distribuidores de edificios públicos, zonas comerciales, espacios infantiles), puede optarse por sistema reforzado de cuatro capas (tres base + acabado) que alcanza espesor total de 2.5-3 mm. Este incremento proporciona mayor resistencia mecánica pero incrementa proporcionalmente el peso del sistema sobre el soporte, requiriendo verificación de que la adherencia de imprimación es suficiente para soportar esta carga adicional. En estos casos, imprimaciones epoxídicas bicomponente, que ofrecen adherencias superiores (>2 MPa) frente a acrílicas monocomponente (1.2-1.8 MPa), resultan recomendables.
La composición de las mezclas puede optimizarse según posición en el sistema. La primera capa base, donde adherencia es crítica, puede beneficiarse de adición de látex acrílico (5-8% respecto al peso del cemento) que mejora flexibilidad e incrementa adherencia. Este aditivo, sin embargo, no es necesario en capas superiores donde la adherencia crítica ya ha sido establecida por la primera capa. La capa de acabado, donde la estética es primordial, puede emplear pigmentos de mayor calidad (óxidos de hierro micronizados) que proporcionan tonalidades más intensas y uniformes, aunque a coste superior.
El factor que frecuentemente se subestima es el peso acumulado del sistema en función del área de pared. Un metro cuadrado de microcemento en espesor 2.5 mm pesa aproximadamente 5-6 kg (densidad del microcemento curado ~2.2 kg/dm³). En una pared de 20 m², el peso total del revestimiento es 100-120 kg. Este peso debe ser soportado por la adherencia de la imprimación al soporte, que, en el mejor caso (imprimación epoxi sobre hormigón), proporciona resistencia de adherencia de aproximadamente 2 MPa. Un cálculo simplificado indica que 20 m² requieren adherencia total de aproximadamente 0.5 MPa considerando factor de seguridad, valor cómodamente inferior a los 2 MPa disponibles. Sin embargo, en soportes débiles (yeso antiguo deteriorado, enfoscados con poca cohesión), la adherencia puede ser inferior a 1 MPa, situándose en límite de seguridad. La verificación mediante ensayos de pull-off (tracción directa) antes de proceder en áreas extensas es práctica recomendable en proyectos de envergadura.
Acabados decorativos: más allá del monocolor mate
El microcemento en paredes ofrece posibilidades estéticas que trascienden el acabado monocolor mate convencional, permitiendo efectos decorativos que aprovechan las propiedades plásticas del material en estado fresco y la interacción con selladores específicos. Estos acabados avanzados, aunque requieren mayor habilidad del aplicador y frecuentemente incrementan tiempo y coste de ejecución, generan superficies con carácter distintivo que justifican el sobrecoste en proyectos de diseño.
El efecto marmolado constituye uno de los acabados decorativos más demandados. Se logra mediante aplicación de dos o tres tonalidades de microcemento en la capa de acabado, trabajándolas conjuntamente mientras mantienen plasticidad. La técnica comienza aplicando el color base en aproximadamente 70% de la superficie mediante llana convencional. Antes de que este material pierda trabajabilidad (habitualmente dispone de ventana de 15-20 minutos), se aplican los colores secundarios mediante llana pequeña en zonas distribuidas irregularmente, cubriendo aproximadamente 20-30% de superficie.
Inmediatamente, con llana limpia y ligeramente húmeda, se trabajan las interfases entre colores mediante movimientos curvos que mezclan parcialmente los tonos sin homogeneizarlos completamente. El resultado es superficie con transiciones tonales graduales que evocan vetas de mármol natural. La clave es trabajar con decisión pero sin exceso: demasiado trabajo homogeneíza los colores eliminando el efecto; insuficiente trabajo deja transiciones abruptas poco naturales.
Los efectos metalizados se consiguen mediante incorporación de pigmentos metálicos (aluminio, bronce, cobre) en la capa de acabado o, alternativamente, mediante aplicación de pátinas metálicas sobre microcemento base ya curado. Los pigmentos metálicos mezclados directamente en el microcemento generan acabados con brillo metálico sutil que varía según ángulo de observación, efecto especialmente notable bajo iluminación direccional. Las pátinas aplicadas superficialmente, en contraste, permiten mayor control del efecto: se aplican mediante brocha o rodillo sobre microcemento base curado, trabajándolas parcialmente con trapo o esponja húmeda que genera variaciones de intensidad. Las pátinas a base de óxidos de hierro pueden generar efectos de oxidación controlada (tonos rojizos-anaranjados) que aportan calidez a espacios contemporáneos.
El efecto de hormigón visto se logra mediante técnica que acentúa pequeñas irregularidades y variaciones tonales. Tras aplicar capa de acabado en tono gris medio, antes de que el material cure completamente, se trabaja la superficie mediante llana veneciana aplicando presión variable: zonas con presión alta compactan el material generando áreas ligeramente más oscuras y brillantes; zonas con presión baja mantienen textura más mate y tono más claro. El resultado es superficie con variaciones tonales sutiles que evocan hormigón encofrado. El sellador aplicado posteriormente debe ser mate para preservar el efecto; selladores satinados o brillantes homogeneizan la apariencia eliminando la naturalidad del acabado.
Las texturas mediante plantillas o estampados constituyen otra vía de personalización. Antes de que la capa de acabado cure, pueden aplicarse plantillas con patrones geométricos (hexágonos, rombos, ondas) presionándolas suavemente sobre el material fresco y retirándolas inmediatamente. El patrón queda impreso en relieve bajo, generando textura táctil y visual. Esta técnica requiere coordinación temporal precisa: si el material está demasiado fresco, el patrón se deforma al retirar la plantilla; si está demasiado seco, la plantilla no imprime adecuadamente. La ventana óptima es típicamente 10-15 minutos tras aplicación, cuando el material ha perdido brillo superficial pero responde aún a presión moderada.
Los acabados bitonales con líneas geométricas se consiguen mediante aplicación secuencial con cinta de carrocero delimitando zonas. La primera tonalidad se aplica en toda la pared, dejando curar completamente (24-48 horas). Entonces se aplican cintas de carrocero delimitando las zonas que mantendrán el primer color, y se aplica segunda tonalidad en las áreas no protegidas. La clave es retirar la cinta de carrocero en el momento óptimo: si se retira con el material aún muy fresco, puede generar desgarros en los bordes; si se espera a curado completo, la cinta adhiere excesivamente y su retirada puede arrastrar material. El momento ideal es cuando el material ha fraguado superficialmente pero mantiene cierta humedad interior, típicamente 2-4 horas tras aplicación a 20°C.
El efecto envejecido o desgastado se crea mediante aplicación de dos capas de acabado en tonos ligeramente diferentes (habitualmente uno más claro sobre uno más oscuro), lijando selectivamente la capa superior tras curado para revelar parcialmente el tono inferior. El lijado se realiza con esponja abrasiva media (grano 180-220) en movimientos irregulares concentrados en zonas donde el desgaste natural sería más probable (centros de paños, zonas próximas a esquinas). Este efecto, aunque aparentemente sencillo, requiere sentido estético desarrollado para determinar dónde y cuánto lijar; exceso de lijado genera aspecto artificioso.
Todos estos acabados decorativos requieren sellado específico. Los efectos marmolados y metalizados se preservan mejor con selladores mate o satinado que no alteren excesivamente las variaciones tonales. Los efectos de hormigón visto demandan selladores mate que mantengan aspecto natural. Las texturas estampadas pueden realzarse mediante sellador satinado que acentúe el relieve generando contrastes de brillo. La elección de sellador es decisión técnico-estética que debe tomarse considerando no solo protección sino también impacto en la apariencia final.
Casos de uso de microcemento ideales en paredes
El microcemento en paredes resulta especialmente apropiado en contextos específicos donde sus características técnicas y estéticas aportan valor diferencial respecto a alternativas convencionales. La identificación de estos casos de uso ideales permite optimizar la inversión, aplicando el material donde sus ventajas son máximas y evitando aplicaciones donde otros materiales ofrecen mejor relación coste-beneficio.
Los espacios de estilo industrial o minimalista contemporáneo constituyen el caso de uso paradigmático. En estos contextos, la estética «material honesto» del microcemento con su aspecto cercano a hormigón pulido o mortero fino encaja naturalmente con la paleta de materiales habitualmente empleada (acero, vidrio, madera sin tratar). La capacidad del microcemento para crear continuidades visuales entre suelo y pared mediante mismo material y tonalidad refuerza la percepción de unidad espacial valorada en diseño minimalista. En lofts urbanos, estudios de artista o espacios comerciales de estética contemporánea, el microcemento aporta coherencia material que la pintura convencional no puede igualar.

Las zonas húmedas representan segundo caso de uso ideal, especialmente baños sin azulejos o duchas abiertas donde la continuidad del revestimiento minimiza juntas susceptibles de filtración. El microcemento correctamente sellado ofrece resistencia al agua superior a pintura convencional, tolerando salpicaduras y humedad ambiental elevada sin degradación. Sin embargo, debe enfatizarse que el microcemento en paredes de ducha requiere impermeabilización estructural previa del soporte (membrana líquida) que actúe como barrera secundaria en caso de fallo del sellador. El microcemento no debe considerarse sistema de impermeabilización, sino revestimiento decorativo con buena resistencia al agua cuando se combina con impermeabilización adecuada.

Los espacios comerciales de alto tránsito aprovechan la durabilidad superior del microcemento frente a pintura en zonas donde roces y contactos frecuentes degradan acabados convencionales. En tiendas de ropa, restaurantes, hoteles o espacios corporativos, el microcemento en paredes de distribuidores, escaleras o áreas públicas minimiza necesidad de repintados periódicos. El coste inicial superior (50-70 €/m² microcemento frente a 15-25 €/m² pintura profesional) se compensa mediante mayor durabilidad: mientras pintura en zona de alto tránsito requiere renovación cada 2-3 años, microcemento correctamente aplicado y mantenido permanece aceptable 10-15 años sin intervención mayor más allá de limpieza.
Las viviendas con restricciones de obra constituyen caso donde el microcemento ofrece ventaja competitiva clara. En edificios donde normativa de comunidad restringe horarios de obra o prohíbe obras ruidosas, el microcemento aplicado sobre paredes existentes (yeso, pladur, azulejos) evita picado y demolición que generan ruido, polvo y escombros. Una reforma que emplea microcemento en lugar de alicatado cerámico reduce tiempo de ejecución de 8-10 días a 4-5 días para baño estándar, minimizando molestias a vecinos. En viviendas de alquiler donde propietario desea renovación estética sin inversión estructural elevada, el microcemento sobre paredes permite actualizar aspecto radicalmente sin comprometer estructura.
Los espacios con restricciones de espesor de revestimiento encuentran en microcemento solución óptima. En viviendas antiguas con molduras de escayola, zócalos de madera o elementos ornamentales que deben preservarse, el espesor reducido del microcemento (2-2.5 mm) permite renovar paredes sin afectar estos elementos. En contraste, alicatado cerámico con adhesivo y mortero añade 10-12 mm de espesor, requiriendo frecuentemente retirada de zócalos, ajuste de marcos de puertas y modificación de cajas eléctricas. El microcemento puede «envolver» elementos existentes con mínima perturbación.
Las cocinas abiertas integradas en salón-comedor aprovechan capacidad del microcemento para crear continuidad visual entre zona de cocina y zona de estar. Aplicar mismo microcemento en pared posterior de cocina y en alguna pared del salón genera cohesión espacial que delimita sin separar. El microcemento en salpicaderos de cocina, aunque requiere sellador específico resistente a grasas (poliuretano bicomponente), ofrece estética diferenciada de azulejos convencionales siendo mantenible mediante limpieza con detergentes convencionales.

Los dormitorios con la pared como cabecero aprovechan el microcemento para crear un punto focal. Aplicar microcemento en un tono contrastante o con acabado decorativo (marmolado, metalizado) solo en pared del cabecero genera acento visual sin coste excesivo (una pared de 4-5 m² requiere inversión de 200-350 € aplicación completa). Este uso puntual del microcemento como elemento decorativo en lugar de revestimiento total del espacio optimiza la relación inversión-impacto estético.
Inversamente, existen contextos donde el microcemento en paredes no es la opción óptima. En viviendas de estilo clásico o tradicional, donde textiles, molduras y ornamentos son los protagonistas, el aspecto contemporáneo del microcemento puede resultar discordante. En espacios con presupuesto muy limitado, la pintura convencional de calidad ofrece mejor ecuación coste-resultado. En paredes exteriores expuestas a intemperie directa, aunque técnicamente viable con productos específicos, el microcemento enfrenta competencia de morteros monocapa técnicamente optimizados para exterior que ofrecen mejor relación prestaciones-coste en esos contextos específicos.
Mantenimiento específico de paredes
El mantenimiento del microcemento en paredes difiere sutilmente del requerido en suelos debido a solicitaciones distintas y patrones de desgaste específicos. Aunque el microcemento en pared generalmente presenta mayor durabilidad que en suelo por ausencia de abrasión por tránsito, requiere atención particular a aspectos relacionados con humedad ambiental, manchas por contacto y limpieza de zonas de difícil acceso.
La limpieza diaria o regular de las paredes con microcemento es considerablemente más simple que la de suelos. Mientras los suelos acumulan polvo, arena y suciedad continuamente por tránsito, las paredes acumulan principalmente polvo ambiental que se deposita gravitacionalmente. La limpieza de mantenimiento consiste en pasar paño microfibra ligeramente húmedo cada 2-3 semanas, movimiento descendente que arrastra polvo hacia abajo donde puede recogerse. Esta operación, que consume 2-3 minutos por pared de 10-12 m², mantiene apariencia limpia sin necesidad de detergentes. El agua empleada debe ser limpia, sin exceso; paños empapados depositan excesiva humedad que, aunque no daña el microcemento sellado, puede generar marcas temporales que desaparecen al secar completamente.
Manchas por contacto
Las manchas por contacto constituyen el desafío principal en las paredes de microcemento. A diferencia de suelos donde las manchas son habitualmente líquidos derramados (café, vino), en paredes las manchas provienen de roces: dedos, apoyos de manos especialmente en zonas próximas a interruptores, manchas de grasa en cocinas cerca de fuegos. Estas manchas deben atenderse rápidamente: frotar suavemente con paño húmedo y jabón neutro (pH 7-8) elimina la mayoría antes de que penetren el sellador. Manchas de grasa más resistentes pueden requerir detergente desengrasante específico, aplicado en solución diluida (1:10 con agua), con tiempo de contacto breve (30-60 segundos) y enjuague posterior con agua limpia.
El resellado periódico en paredes tiene frecuencia menor que en suelos. Mientras suelos de tránsito moderado requieren resellado cada 3-5 años, paredes pueden extender este intervalo a 5-8 años dado que no experimentan abrasión mecánica significativa. El indicador de necesidad de resellado es la pérdida de hidrofobicidad: el agua rociada sobre pared sellada adecuadamente debe formar gotas que resbalan; si el agua moja la superficie formando película continua, el sellador está comprometido. En paredes, esta pérdida ocurre más frecuentemente en zonas específicas (proximidad a duchas en baños, salpicaderos en cocinas) que en toda la superficie, permitiendo el resellado selectivo de zonas degradadas en lugar de resellado completo.
El protocolo de resellado en las paredes sigue secuencia similar a suelos pero con atención particular a escurrimientos. La pared debe limpiarse profundamente con detergente desengrasante, enjuagarse y secarse completamente (mínimo 24 horas). Entonces se lija suavemente con esponja abrasiva grano 220-280 para eliminar el brillo residual del sellador antiguo y generar una rugosidad que facilite la adherencia del nuevo sellador. El polvo de lijado debe eliminarse mediante aspiración y un paño húmedo. El sellador se aplica con rodillo de microfibra en movimientos verticales uniformes, trabajando de arriba hacia abajo para recoger escurrimientos. La cantidad de sellador en rodillo debe ser moderada; el exceso genera escurridos que, si no se detectan y eliminan inmediatamente mediante rodillo casi seco, secarán formando líneas verticales visibles.
Manchas por humedad o condensación
Las manchas de humedad por condensación constituyen un problema específico de las paredes en zonas húmedas. En baños sin ventilación adecuada, la condensación de vapor sobre paredes frías puede generar manchas oscuras por proliferación de hongos microscópicos en superficie del sellador. Aunque el microcemento correctamente sellado es menos susceptible a este problema que la pintura, no es inmune. La prevención mediante ventilación (mecánica si no existe ventana) es más efectiva que tratamiento correctivo. Si aparecen manchas, la limpieza con solución de lejía diluida (1:10) elimina hongos superficiales, seguido de enjuague exhaustivo con agua. Aplicaciones repetidas de lejía pueden degradar el sellador, requiriendo resellado posterior.
Los daños mecánicos en las paredes son típicamente impactos localizados (muebles movidos que golpean pared, objetos colgados cuya instalación genera desprendimiento local). Los cráteres pequeños (<10 mm diámetro) pueden repararse mediante el relleno con microcemento de acabado del mismo tono, aplicado con una espátula pequeña, lijado tras curado y resellado local. La dificultad es conseguir una tonalidad idéntica: el microcemento original ha desarrollado una pátina con el tiempo (ligero oscurecimiento, acumulación sutil de suciedad en textura superficial) que el material nuevo no replica. Las reparaciones, aunque técnicamente efectivas, frecuentemente son visibles bajo ciertas iluminaciones durante primeros meses hasta que la zona reparada envejece naturalmente igualándose al entorno.
Las fisuras son infrecuentes en las paredes con microcemento si la aplicación es correcta, pero pueden aparecer en dos contextos: fisuras del soporte subyacente que se transmiten al microcemento (especialmente en paredes de pladur con juntas insuficientemente tratadas), o fisuras por retracción del propio microcemento si las condiciones de curado fueron subóptimas (curado excesivamente rápido por temperatura alta o baja humedad). Fisuras capilares (<0.3 mm) pueden sellarse aplicando sellador con brocha fina directamente sobre la fisura, permitiendo que penetre por capilaridad. Las fisuras más anchas requieren apertura, relleno con masilla flexible y resellado, siendo difícil hacer invisible la reparación.
Compatibilidad con sistemas de climatización
La interacción entre el microcemento en paredes y los sistemas de climatización presenta consideraciones técnicas específicas que, aunque frecuentemente obviadas, resultan relevantes para la durabilidad y el comportamiento del sistema a largo plazo. El microcemento modifica las propiedades térmicas e higroscópicas de la pared respecto a los revestimientos tradicionales, afectando dinámica de temperatura y humedad en el espacio interior.
El microcemento, además, presenta conductividad térmica superior a pintura convencional pero inferior a revestimientos cerámicos. Con conductividad típica de 1.4-1.8 W/mK, el microcemento permite transferencia de calor moderada a través de la pared. En paredes exteriores con aislamiento térmico por interior, el microcemento aplicado sobre el aislamiento no compromete significativamente las prestaciones térmicas del sistema, siendo su contribución al aislamiento prácticamente despreciable (espesor 2-3 mm de material con conductividad moderada aporta resistencia térmica insignificante). En paredes interiores sin aislamiento, el microcemento tampoco modifica sustancialmente el comportamiento térmico respecto a yeso o pintura.
Los sistemas de calefacción radiante por paredes (menos comunes que el suelo radiante, pero existentes en edificios de alta eficiencia energética) son compatibles con microcemento. La conductividad térmica del microcemento permite transferencia de calor desde el sistema radiante al ambiente interior sin pérdidas significativas. Sin embargo, debe considerarse que el microcemento añade masa térmica a la pared, incrementando ligeramente inercia térmica del sistema: el tiempo necesario para calentar o enfriar el espacio aumenta moderadamente porque el microcemento debe primero alcanzar temperatura objetivo antes de comenzar a radiar eficazmente. Este incremento de inercia puede ser ventajoso (estabiliza oscilaciones de temperatura) o inconveniente (reduce capacidad de respuesta rápida del sistema) según filosofía de gestión de climatización.

La permeabilidad al vapor de agua del microcemento sellado es significativamente inferior a la de pintura convencional o yeso sin tratar. Mientras el yeso presenta una permeabilidad alta (permite migración de vapor de agua desde interior hacia estructura de la pared), microcemento sellado con poliuretano reduce esta permeabilidad en 60-80%. Esta reducción afecta a la dinámica de la humedad: en espacios con generación significativa de vapor (baños, cocinas), el vapor encuentra mayor resistencia a penetrar en la estructura de la pared, acumulándose en mayor medida en el ambiente interior. Esto puede incrementar humedad relativa del aire si la ventilación es insuficiente. En edificios con problemas de condensación intersticial (condensación dentro de la estructura de la pared), aplicar microcemento en la pared interior puede agravar problema al dificultar secado hacia interior.
Las soluciones incluyen: ventilación mecánica controlada que extraiga vapor eficazmente, especialmente en baños y cocinas; o empleo de selladores más permeables (acrílicos al agua en lugar de poliuretanos, aunque con compromiso en resistencia a manchas y agua). En climas mediterráneos donde humedad interior tiende a ser moderada-baja, este aspecto raramente genera problemas. En climas húmedos o edificios con ocupación elevada generando vapor abundante, merece consideración.
Los sistemas de aire acondicionado con difusión de aire frío sobre paredes pueden generar condensación superficial en verano si la temperatura de pared cae por debajo del punto de rocío del aire ambiente. El microcemento sellado tolera la condensación sin degradación (a diferencia de yeso o pintura que pueden desarrollar manchas de humedad), pero la presencia continua de agua condensada en la superficie crea condiciones para proliferación de hongos microscópicos en el sellador. La prevención requiere un diseño adecuado de sistema de climatización evitando el enfriamiento excesivo de superficies. Si la condensación ocurre, una limpieza periódica con solución fungicida (lejía diluida) previene colonización biológica.
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Bibliografía
Fuentes en español
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Preguntas frecuentes
¿El microcemento en paredes requiere mantenimiento diferente que en suelos?
Sí, aunque es más simple. Las paredes no experimentan abrasión por tránsito, por lo que el desgaste es menor. La limpieza consiste en pasar paño húmedo cada 2-3 semanas, sin necesidad de detergentes salvo manchas específicas. El resellado es menos frecuente: cada 5-8 años en paredes frente a 3-5 años en suelos. Las zonas más solicitadas (proximidad a duchas en baños, salpicaderos en cocinas) pueden requerir resellado selectivo más frecuente, pero no toda la pared.
¿Se puede aplicar microcemento en paredes exteriores?
Técnicamente sí, con productos específicos para exterior que incluyen aditivos hidrófugos y protección UV. Sin embargo, en fachadas exteriores el microcemento enfrenta competencia de morteros monocapa específicamente desarrollados para intemperie, que ofrecen similar estética a menor coste y con prestaciones optimizadas para exterior (resistencia a heladas, impermeabilización, transpirabilidad). El microcemento en exterior se justifica principalmente en zonas protegidas (porches, terrazas cubiertas) donde las condiciones son menos agresivas.
¿Qué espesor tiene el microcemento en paredes comparado con otros revestimientos?
El microcemento en paredes tiene espesor total de 2-2.5 mm (una-dos capas base + acabado), significativamente inferior a alicatado cerámico que añade 10-12 mm (azulejo + adhesivo). Comparado con yeso proyectado (típicamente 10-15 mm) o pintura sobre yeso existente (0.1-0.2 mm), el microcemento se posiciona en término medio. Esta delgadez permite aplicarlo sobre paredes existentes sin afectar elementos como zócalos, marcos de puertas o molduras decorativas que requerirían adaptación con revestimientos más gruesos.
¿El microcemento en paredes es resistente a golpes e impactos?
Moderadamente. El microcemento ofrece resistencia superior a pintura convencional o papel pintado frente a roces y golpes leves, pero inferior a azulejos cerámicos o paneles de resina. Impactos de objetos pesados (muebles movidos bruscamente) pueden generar cráteres localizados, especialmente en los primeros 28 días tras aplicación cuando el material no ha alcanzado resistencia mecánica final. En zonas de alto riesgo de impacto (garajes, gimnasios, espacios infantiles), puede optarse por sistema reforzado con tres capas base en lugar de dos, aunque incrementa coste.
¿Se pueden colgar cuadros o estanterías en paredes con microcemento?
Sí, sin restricciones. El microcemento no compromete capacidad de anclaje de la pared subyacente. Los tacos se instalan perforando el microcemento y penetrando en el soporte (yeso, hormigón, pladur) como en cualquier pared convencional. La perforación debe realizarse con taladro a velocidad moderada y sin percusión (para evitar desconchados), utilizando broca para el material del soporte subyacente. Los orificios donde se instalan tacos pueden generar pequeñas desconchaduras perimetrales del microcemento que son tolerables dado que quedan ocultas tras el elemento colgado.
¿El microcemento en paredes es compatible con cocinas donde hay salpicaduras de grasa?
Sí, pero requiere sellador específico. Los selladores acrílicos al agua, aunque adecuados para paredes de salón o dormitorio, presentan limitaciones en cocinas de uso intensivo. Los salpicaderos detrás de fuegos deben sellarse con poliuretano alifático bicomponente que ofrece resistencia química superior a grasas y detergentes. Este sellador es más costoso y complejo de aplicar pero tolera limpieza con desengrasantes sin degradación. La distancia mínima recomendada entre fuego y microcemento es 15 cm; distancias menores sugieren interponer panel de vidrio templado como barrera térmica.
¿Se nota la diferencia de textura entre microcemento de pared y de suelo en mismo espacio?
Puede notarse si se busca específicamente, pero habitualmente no es evidente. El microcemento de pared y suelo del mismo espacio puede aplicarse con mismo producto, generando textura idéntica. Sin embargo, la aplicación vertical tiende a producir acabado ligeramente más liso (menor marca de llana) que la horizontal. Esta diferencia sutil es visible si se comparan ambas superficies directamente, pero pasa desapercibida en visión normal del espacio donde pared y suelo no se observan simultáneamente con mismo ángulo de luz.
¿Cuánto tiempo requiere aplicar microcemento en una pared completa?
Una pared de 10-12 m² sin obstáculos requiere típicamente 4-5 días laborables: día 1 preparación de soporte y primera imprimación (4-6 horas trabajo), día 2 primera capa base tras 12-24 horas curado imprimación (3-4 horas trabajo), día 3 segunda capa base tras 6-8 horas curado (3-4 horas trabajo), día 4 capa acabado tras 6-8 horas curado (2-3 horas trabajo), día 5 sellado tras 24-48 horas curado (2 horas trabajo). Paredes con múltiples ventanas, puertas o instalaciones complejas pueden prolongar estos tiempos 30-50%.
¿El microcemento en paredes blancas o claras amarillea con el tiempo?
El microcemento correctamente formulado y sellado con selladores de calidad no amarillea. El amarilleamiento es problema asociado a selladores de baja calidad con resinas que degradan bajo radiación UV. Los selladores poliuretanos alifáticos (frente a aromáticos) y los acrílicos de alta calidad mantienen color estable durante años incluso en zonas con luz solar directa. El cambio de tonalidad más frecuente es ligero oscurecimiento por acumulación de suciedad en textura superficial, no amarilleamiento químico. Este oscurecimiento se minimiza mediante limpieza regular y se elimina mediante resellado cuando es necesario.
¿Se puede aplicar microcemento sobre paredes con gotelé sin eliminarlo previamente?
Técnicamente es posible pero no recomendable. El gotelé genera textura irregular pronunciada que el microcemento no puede compensar completamente en espesores estándar (2-2.5 mm). El resultado es superficie con relieve que replica parcialmente el gotelé subyacente, siendo visible especialmente bajo iluminación rasante. Si presupuesto no permite eliminar gotelé mediante lijado o raspado, alternativa es aplicar capa previa de mortero autonivelante vertical (3-5 mm) que regularice la textura antes del microcemento, aunque incrementa coste y espesor total del sistema. La opción óptima es eliminar gotelé mediante lijado mecánico antes de proceder.


