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Kenneth Frampton: una historia crítica de la arquitectura moderna

Marcelo by Marcelo
25 febrero, 2026
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Portada del libro Historia crítica de la arquitectura moderna de Kenneth Frampton

Portada de "Historia crítica de la arquitectura moderna" de Kenneth Frampton, obra de referencia que analiza el desarrollo de la arquitectura desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX.

Contenidos

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  • Kenneth Frampton: formación y contexto intelectual
  • Estructura y metodología: una historia dialéctica
  • El regionalismo crítico: lugar y modernidad
  • La dimensión tectónica: materialidad y construcción
  • Limitaciones y críticas: lo que Frampton margina
  • Legado y relevancia continua
  • Explorar más
  • Bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Historia crítica de la arquitectura moderna
    • ¿Quién es Kenneth Frampton y por qué es importante su historia de la arquitectura moderna?
    • ¿Qué es el regionalismo crítico según Frampton?
    • ¿Qué significa «tectónica» en el pensamiento de Frampton?
    • ¿Cómo estructura Frampton su narrativa histórica?
    • ¿Cuáles son las principales limitaciones del libro?
    • ¿Cómo critica Frampton el posmodernismo arquitectónico?
    • ¿Por qué sigue siendo relevante el libro hoy?

«Historia crítica de la arquitectura moderna» de Kenneth Frampton, publicada originalmente en 1980 y revisada en múltiples ediciones, es probablemente el texto de referencia más usado en las escuelas de arquitectura del mundo. No es simplemente una crónica de edificios y arquitectos, sino una interpretación sofisticada de las fuerzas culturales, tecnológicas y políticas que configuraron la arquitectura de los últimos 200 años. Frampton, crítico e historiador británico radicado en Estados Unidos, ofrece una narrativa que equilibra análisis formal con atención al contexto social sin caer en el determinismo.

Lo que distingue el enfoque de Frampton es su método dialéctico. No presenta la arquitectura moderna como progreso lineal, sino como una serie de tensiones: entre lo universal y lo regional, entre tecnología y lugar, entre vanguardia y tradición. Esta aproximación permite reconocer tanto los logros como las limitaciones del proyecto modernista. Frampton admira la ambición social del Movimiento Moderno pero critica su tendencia hacia la homogeneización global. Valora la innovación técnica pero advierte contra el fetichismo tecnológico.

El libro es enciclopédico en su alcance, cubre desde el neoclasicismo del siglo XVIII hasta la arquitectura contemporánea, pero nunca pierde coherencia teórica. Frampton organiza la narrativa no solo cronológicamente sino también temáticamente, dedicando capítulos a desarrollos específicos: el Arts and Crafts, el racionalismo estructural, la Bauhaus, el brutalismo. Esta estructura permite comprender tanto la secuencia histórica como las corrientes conceptuales que atraviesan diferentes periodos y geografías.

Cuarenta años después de su publicación inicial, el libro permanece como referencia fundamental. Generaciones de arquitectos se han formado con él. Sus ediciones sucesivas han incorporado desarrollos posteriores manteniendo la estructura y el enfoque crítico originales. Más importante, su concepto del «regionalismo crítico» —la idea de que la arquitectura puede ser moderna sin renunciar a la especificidad del lugar— sigue siendo enormemente influyente en debates contemporáneos sobre arquitectura global y local.

Kenneth Frampton: formación y contexto intelectual

Kenneth Frampton nació en Inglaterra en 1930 y se formó como arquitecto en la Architectural Association de Londres, una de las escuelas más progresistas de la posguerra. Trabajó brevemente en la práctica arquitectónica, pero encontró su vocación como crítico, historiador y educador. En 1972 se mudó a Estados Unidos para enseñar en la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation de Columbia University, donde permanece hasta hoy como profesor emérito.

Su formación en la Inglaterra de posguerra fue crucial. Presenció la reconstrucción masiva después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Movimiento Moderno parecía ofrecer soluciones a la crisis de vivienda, pero también vio los problemas: los grandes conjuntos de vivienda que se convirtieron en guetos verticales, la destrucción de tejidos urbanos tradicionales y la imposición de formas universales sin atención a contextos específicos. Esta experiencia directa de las promesas y fracasos del modernismo configuraría su aproximación crítica.

Frampton fue influenciado por varias tradiciones intelectuales. De los historiadores del Movimiento Moderno como Nikolaus Pevsner y Sigfried Giedion aprendió a leer la arquitectura en relación con transformaciones sociales y tecnológicas más amplias. De los críticos de la Escuela de Frankfurt —particularmente Theodor Adorno— adoptó una aproximación dialéctica que reconocía contradicciones en lugar de resolverlas prematuramente. Del filósofo Martin Heidegger tomó la preocupación por el lugar, por el arraigo, por cómo la tecnología moderna puede alienarnos del mundo.

Su posición en Columbia, particularmente durante los años 70 y 80, le dio una perspectiva única. Nueva York era centro de debates arquitectónicos intensos. El posmodernismo emergía como reacción contra el Movimiento Moderno y arquitectos como Robert Venturi cuestionaban el funcionalismo y Michael Graves y otros exploraban la ornamentación y el historicismo. Frampton participó en estos debates pero mantuvo cierta distancia crítica: ni defensor dogmático del modernismo ni convertido al posmodernismo.

«Historia crítica de la arquitectura moderna» emergió de este contexto. Publicada originalmente en 1980, cuando el posmodernismo parecía triunfante, el libro ofrecía una reevaluación matizada del Movimiento Moderno. No era una hagiografía ni una denuncia, sino un análisis cuidadoso de qué funcionó y qué no, qué puede salvarse y qué debe rechazarse. Esta posición intermedia —crítica pero no repudiadora— distinguió a Frampton de polemistas más extremos en ambos lados del debate.

Estructura y metodología: una historia dialéctica

El libro comienza no con el Movimiento Moderno del siglo XX, sino con sus antecedentes en el siglo XVIII: las transformaciones culturales de la Ilustración, las innovaciones técnicas de la Revolución Industrial, los nuevos programas arquitectónicos de la sociedad burguesa. Esta perspectiva larga es crucial. Permite a Frampton mostrar que el modernismo arquitectónico no fue una ruptura radical sino una culminación de procesos que se habían desarrollado durante más de un siglo.

La narrativa se organiza tanto cronológica como temáticamente. Los primeros capítulos siguen desarrollos del siglo XIX: el neoclasicismo, el movimiento Arts and Crafts de William Morris, el racionalismo estructural de Viollet-le-Duc, el Art Nouveau. Frampton no trata estos como preludio al modernismo «real», sino como respuestas legítimas a las transformaciones de la modernidad. El Arts and Crafts, aunque rechazaba la producción industrial, planteaba preguntas sobre la relación entre trabajo y creación que permanecerían relevantes.

Los capítulos centrales analizan el Movimiento Moderno del siglo XX: Frank Lloyd Wright, Adolf Loos, la Bauhaus, Le Corbusier, Mies van der Rohe. Aquí el método dialéctico de Frampton es más evidente. No presenta estos arquitectos como héroes unilaterales, sino como figuras complejas con logros y limitaciones. Le Corbusier produjo obras maestras como Ronchamp, pero también una planificación urbana autoritaria. Mies alcanzó una pureza formal sublime, pero a costa de la flexibilidad funcional. Wright celebraba la democracia estadounidense, pero diseñaba casas para élites.

Frampton presta atención especial a desarrollos fuera del eje París-Nueva York que las historias convencionales marginaban. Dedica capítulos sustanciales a la arquitectura nórdica —Asplund, Aalto— mostrando cómo desarrollaron un modernismo que mantenía conexión con tradiciones locales y materiales naturales. Analiza la arquitectura soviética de los años 20, el racionalismo italiano, la tradición holandesa de De Stijl a Aldo van Eyck. Esta geografía expandida muestra que el modernismo no fue monolítico, sino que tomó formas diferentes en contextos diferentes.

Los capítulos posteriores tratan desarrollos de posguerra: el brutalismo, el metabolismo japonés, el Team X, el posmodernismo. Aquí Frampton es más crítico. Ve el posmodernismo historicista de Michael Graves como la capitulación ante el mercado, como nostalgia que renuncia a las ambiciones transformadoras del modernismo. Pero también critica el modernismo tardío que se había vuelto formulaico, que aplicaba el estilo internacional sin atención al contexto. Su posición es que ni el rechazo total del modernismo ni su repetición acrítica son adecuados.

El regionalismo crítico: lugar y modernidad

El concepto más influyente de Frampton es el «regionalismo crítico«, desarrollado en ensayos complementarios al libro, particularmente «Hacia un regionalismo crítico: Seis puntos para una arquitectura de resistencia» (1983). Este concepto intenta navegar entre dos extremos igualmente problemáticos: el universalismo abstracto del Movimiento Moderno que ignora la especificidad del lugar y el regionalismo sentimental que fetichiza la tradición local rechazando la modernidad.

El regionalismo crítico no rechaza la tecnología moderna ni los principios del modernismo, los adapta a condiciones locales: clima, topografía, luz, materiales disponibles, tradiciones constructivas. No copia formas vernáculas sino que aprende de la lógica que las generó. Un edificio regionalmente crítico puede usar hormigón armado —material moderno universal— pero configurarlo de manera que responda al clima tropical de Bombay o al paisaje montañoso de Suiza.

Frampton identifica varios arquitectos como practicantes del regionalismo crítico. Alvar Aalto en Finlandia desarrolló un modernismo que incorporaba madera, respondía a la luz nórdica y mantenía escala humana. Jørn Utzon en el Opera House de Sídney creó una forma moderna que dialogaba con el puerto y el paisaje australiano. Luis Barragán en México combinaba la abstracción modernista con color intenso y muros masivos que respondían al sol fuerte. Tadao Ando en Japón trabajaba con hormigón de manera que evocaba tradiciones espaciales japonesas sin imitarlas.

El regionalismo crítico es también una estrategia de resistencia contra la homogeneización global. En una época de arquitectura corporativa internacional idéntica en todas las ciudades, mantener la especificidad local es un acto político. No es nacionalismo estrecho sino reconocimiento de que diferentes lugares tienen diferentes necesidades, que la arquitectura debe responder a condiciones concretas no solo a abstracciones universales.

Pero el concepto tiene limitaciones. ¿Cómo determinar qué es auténticamente «local» en un mundo globalizado? Las tradiciones locales no son puras sino híbridas, productos de múltiples influencias históricas. El peligro es que el regionalismo crítico se vuelva nueva fórmula, que arquitectos apliquen símbolos de «localidad» superficialmente sin compromiso real con el lugar. Frampton es consciente de estos peligros pero insiste en que el concepto, usado críticamente, sigue siendo valioso.

La dimensión tectónica: materialidad y construcción

Otro concepto central en el pensamiento de Frampton es la «tectónica«, término que deriva del griego tekton (carpintero, constructor) y se refiere a la expresión poética de la construcción. La arquitectura tectónica hace visible cómo está construida, revela su estructura, celebra sus materiales. Esto contrasta con la arquitectura «escenográfica» que oculta su construcción tras superficies aplicadas, que trata el edificio como imagen bidimensional en lugar de un objeto tridimensional.

Frampton traza la genealogía de la tectónica desde el siglo XIX. El racionalismo estructural de Viollet-le-Duc insistía en que la estructura debía expresarse honestamente. Las construcciones de hierro del siglo XIX —puentes, estaciones de tren, el Crystal Palace— mostraban sus esqueletos metálicos sin ocultarlos. Esta honestidad estructural se convirtió en principio del Movimiento Moderno: Mies van der Rohe exponiendo vigas de acero, Le Corbusier revelando la estructura de hormigón.

Pero la tectónica no es simplemente mostrar la estructura; es hacerlo poéticamente. La Capilla de Ronchamp de Le Corbusier es tectónica no porque exponga claramente su construcción —de hecho es algo ambigua estructuralmente— sino porque la experiencia del espacio está mediada por la cualidad del hormigón, el grosor de los muros, la manera en que la luz penetra a través de aberturas profundas. Los edificios de Louis Kahn son supremamente tectónicos: cada material —ladrillo, hormigón, madera— se usa de manera que revela sus propiedades inherentes.

Capilla Notre-Dame du Haut de Le Corbusier
Capilla Notre-Dame du Haut de Le Corbusier. Crédito: Depositphotos.

Frampton contrasta esto con la arquitectura posmoderna que frecuentemente aplicaba ornamentación superficial sin relación con la construcción real. Un edificio de Michael Graves podía tener columnas decorativas que no sostenían nada o arcos que eran puramente gráficos. Para Frampton esto era fundamentalmente deshonesto, una traición a lo que la arquitectura podía ser. La arquitectura, argumenta, no es solo semiótica —comunicación de significado mediante símbolos— sino también poética de la construcción.

Esta posición conecta con la fenomenología, particularmente el pensamiento de Heidegger sobre el «habitar». Para Heidegger, construir auténticamente significa crear lugares donde los humanos pueden habitar genuinamente, en contacto con la tierra, el cielo, lo mortal y lo divino. La arquitectura tectónica, que respeta materiales y revela construcción, facilita este habitar auténtico. La arquitectura escenográfica, que trata el edificio como imagen, nos aliena de la experiencia corporal del espacio.

Limitaciones y críticas: lo que Frampton margina

A pesar de su amplitud y sofisticación, «Historia crítica de la arquitectura moderna» tiene limitaciones significativas. La primera es su enfoque predominantemente europeo y norteamericano. Aunque Frampton incluye más arquitectura no occidental que muchas historias anteriores —particularmente la arquitectura japonesa— el libro sigue siendo fundamentalmente una historia del modernismo occidental. La arquitectura de África, de América Latina (excepto algunos casos) o del sur de Asia, están en gran medida ausente.

Esta limitación geográfica se relaciona con un problema conceptual más profundo: ¿qué significa «modernidad» en contextos no occidentales? La narrativa de Frampton asume que la arquitectura moderna emerge de la Revolución Industrial europea y se difunde globalmente, pero esto margina modernidades alternativas, procesos de modernización que no siguieron el camino europeo. Los arquitectos no occidentales aparecen principalmente como receptores de influencias europeas, no como agentes de sus propios proyectos modernos.

Segunda crítica: la relativa ausencia de análisis de género. El libro trata casi exclusivamente arquitectos hombres. Las pocas mujeres arquitectas mencionadas —Lilly Reich, colaboradora de Mies— aparecen en roles secundarios. Esto refleja la realidad histórica de una profesión dominada por hombres, pero Frampton no interroga esta dominación. ¿Cómo configuró el género tanto la práctica arquitectónica como las ideas sobre qué constituye buena arquitectura? ¿El énfasis en monumentalidad, en escala heroica, está codificado masculinamente?

Tercera crítica: el énfasis en edificios individuales y grandes arquitectos margina otras formas de producción arquitectónica. La mayor parte del entorno construido no es diseñado por arquitectos sino por constructores, desarrolladores, los propios habitantes. Frampton, enfocado en obras maestras de grandes nombres, dice poco sobre arquitectura vernácula moderna, sobre autoconstrucción, sobre la arquitectura de los barrios informales donde vive gran parte de la población mundial.

Cuarta crítica: la tectónica puede volverse fetichismo de la artesanía. Los edificios que Frampton celebra —obras de Kahn, Scarpa, Ando— requieren presupuestos generosos y artesanos altamente cualificados. ¿Qué pasa con la arquitectura de recursos limitados? ¿El énfasis en la expresión honesta de materiales caros es relevante para vivienda social? Hay peligro de que el regionalismo crítico se convierta en estilo de élite, apropiado para museos y villas privadas pero no para las necesidades masivas de urbanización global.

Finalmente, algunos críticos cuestionan si la distinción entre «crítico» y «sentimental» en el regionalismo es sostenible. ¿Quién decide qué adaptación de tradiciones locales es crítica y cuál es meramente nostálgica? El concepto puede usarse para legitimar ciertas prácticas y deslegitimar otras sin criterios claros. En la práctica, la línea entre regionalismo crítico y regionalismo sentimental puede ser borrosa.

Legado y relevancia continua

A pesar de estas limitaciones, «Historia crítica de la arquitectura moderna» permanece como un texto de referencia fundamental. Su influencia en la educación arquitectónica es difícil de sobrestimar. Generaciones de estudiantes en todo el mundo han usado el libro como introducción a la arquitectura moderna. Su estructura clara, su escritura accesible combinada con sofisticación teórica y sus abundantes ilustraciones, lo hacen la herramienta pedagógica ideal.

El concepto del regionalismo crítico ha sido particularmente influyente. En una época de globalización arquitectónica, cuando los mismos edificios de vidrio aparecen en Dubai, Shanghai y São Paulo, el llamado de Frampton a una modernidad arraigada en el lugar resuena poderosamente. Arquitectos en todo el mundo han intentado desarrollar versiones locales del modernismo que respondan a condiciones específicas sin rechazar la tecnología contemporánea.

El énfasis en la tectónica también ha dejado marca duradera. En una época donde la arquitectura a veces se reduce a imagen —edificios diseñados principalmente para fotografías, para iconicidad mediática— Frampton recuerda que la arquitectura es también experiencia corporal, materialidad, construcción. Esta perspectiva ha influido en arquitectos que priorizan la cualidad táctil de los materiales, la honestidad estructural, la experiencia fenomenológica del espacio.

El método dialéctico de Frampton —reconocer tensiones sin resolverlas prematuramente— ofrece un modelo para la crítica arquitectónica. En debates polarizados donde se tiende a defender posiciones absolutas, Frampton muestra cómo mantener la complejidad: ser crítico del modernismo sin rechazarlo completamente, valorar la tradición sin caer en nostalgia o abrazar la tecnología sin fetichizarla. Esta capacidad de pensar dialécticamente es cada vez más valiosa.

Las sucesivas ediciones del libro han intentado incorporar desarrollos posteriores. La edición de 2007 añadió capítulos sobre arquitectura reciente, incluyendo el trabajo de Rem Koolhaas, Herzog & de Meuron, SANAA. Esto plantea pregunta interesante: ¿puede un marco desarrollado para entender el modernismo del siglo XX acomodar la arquitectura contemporánea que a veces parece operar según lógicas muy diferentes? El esfuerzo de actualización muestra tanto la adaptabilidad del enfoque de Frampton como sus posibles límites.

«Historia crítica de la arquitectura moderna» de Kenneth Frampton es más que una historia: es una interpretación, un argumento sobre qué aspectos del modernismo arquitectónico vale la pena preservar y qué debe criticarse. Su narrativa sofisticada reconoce tanto los logros como los fracasos del Movimiento Moderno, manteniendo un equilibrio crítico que rechaza tanto la hagiografía como la denuncia simplista.

Explorar más

  • Bibliografía esencial de arte, arquitectura y diseño contemporáneo – Índice completo de fuentes fundamentales
  • Arquitectura Moderna
  • Arquitectura contemporánea
  • Le Corbusier: hacia una arquitectura moderna – El arquitecto más analizado por Frampton
  • Alvar Aalto: modernismo orgánico nórdico – Ejemplo clave del regionalismo crítico
  • Louis Kahn: monumentalidad y luz – Maestro de la arquitectura tectónica

Bibliografía

Obra principal

  • Frampton, Kenneth. Historia crítica de la arquitectura moderna. Barcelona: Gustavo Gili, 2009 (original: Modern Architecture: A Critical History, Londres: Thames & Hudson, 1980; edición revisada 2007).

Otros textos de Frampton:

  • Frampton, Kenneth. «Towards a Critical Regionalism: Six Points for an Architecture of Resistance«. En Foster, Hal (ed.). The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern Culture. Port Townsend: Bay Press, 1983.
  • Frampton, Kenneth. Studies in Tectonic Culture: The Poetics of Construction in Nineteenth and Twentieth Century Architecture. Cambridge: MIT Press, 1995.
  • Frampton, Kenneth. Labour, Work and Architecture. Londres: Phaidon, 2002.

Contexto historiográfico:

  • Giedion, Sigfried. Espacio, tiempo y arquitectura. (Original 1941).
  • Pevsner, Nikolaus. Pioneros del diseño moderno: de William Morris a Walter Gropius. (Original 1936).
  • Banham, Reyner. Teoría y diseño en la primera era de la máquina. (Original 1960).

Preguntas frecuentes sobre Historia crítica de la arquitectura moderna

¿Quién es Kenneth Frampton y por qué es importante su historia de la arquitectura moderna?

Kenneth Frampton (n. 1930) es un crítico e historiador británico que enseña en Columbia University desde 1972. Su «Historia crítica de la arquitectura moderna» (1980) es probablemente el texto de referencia más usado en escuelas de arquitectura del mundo. No es simplemente crónica de edificios sino interpretación sofisticada de las fuerzas culturales, tecnológicas y políticas que configuraron la arquitectura de los últimos doscientos años. Su método dialéctico reconoce tensiones sin resolverlas prematuramente: entre lo universal y lo regional, entre tecnología y lugar, entre vanguardia y tradición. Esta aproximación permite valorar los logros del Movimiento Moderno mientras se critican sus limitaciones, particularmente su tendencia hacia la homogeneización global.

¿Qué es el regionalismo crítico según Frampton?

El regionalismo crítico es la idea de que la arquitectura puede ser moderna sin renunciar a la especificidad del lugar. Navega entre dos extremos: el universalismo abstracto del Movimiento Moderno que ignora el lugar, y el regionalismo sentimental que fetichiza la tradición rechazando la modernidad. No rechaza la tecnología moderna sino que la adapta a condiciones locales: clima, topografía, luz, materiales, tradiciones constructivas. No copia formas vernáculas sino que aprende de la lógica que las generó. Arquitectos como Alvar Aalto, Jørn Utzon, Luis Barragán y Tadao Ando son ejemplos. El regionalismo crítico es también estrategia de resistencia contra la homogeneización global, manteniendo especificidad local como acto político sin caer en nacionalismo estrecho.

¿Qué significa «tectónica» en el pensamiento de Frampton?

La tectónica se refiere a la expresión poética de la construcción. La arquitectura tectónica hace visible cómo está construida, revela su estructura, celebra sus materiales. Contrasta con la arquitectura escenográfica que oculta su construcción tras superficies aplicadas. No es simplemente mostrar la estructura sino hacerlo poéticamente. Los edificios de Louis Kahn son supremamente tectónicos: cada material —ladrillo, hormigón, madera— se usa revelando sus propiedades inherentes. Frampton traza la genealogía desde el racionalismo estructural del siglo XIX hasta el Movimiento Moderno. Critica el posmodernismo por aplicar ornamentación superficial sin relación con la construcción real. La tectónica conecta con la fenomenología: la arquitectura como experiencia corporal, no solo imagen visual.

¿Cómo estructura Frampton su narrativa histórica?

El libro comienza en el siglo XVIII con antecedentes del modernismo: transformaciones culturales de la Ilustración, innovaciones técnicas de la Revolución Industrial, nuevos programas arquitectónicos. Esto muestra que el modernismo no fue ruptura radical sino culminación de procesos desarrollados durante más de un siglo. La narrativa se organiza cronológica y temáticamente: neoclasicismo, Arts and Crafts, racionalismo estructural, Art Nouveau, luego el Movimiento Moderno (Wright, Loos, Bauhaus, Le Corbusier, Mies), desarrollos de posguerra (brutalismo, metabolismo japonés, Team X), y finalmente el posmodernismo. Frampton presta atención especial a desarrollos fuera del eje París-Nueva York que historias convencionales marginaban: arquitectura nórdica, soviética, italiana, holandesa.

¿Cuáles son las principales limitaciones del libro?

Primera: enfoque predominantemente europeo y norteamericano. Aunque incluye más arquitectura no occidental que historias anteriores, sigue siendo fundamentalmente una historia del modernismo occidental. Segunda: relativa ausencia de análisis de género. Trata casi exclusivamente arquitectos hombres sin interrogar cómo el género configuró la profesión. Tercera: énfasis en edificios individuales y grandes arquitectos margina otras formas de producción: arquitectura vernácula moderna, autoconstrucción, barrios informales. Cuarta: la tectónica puede volverse fetichismo de artesanía cara, menos relevante para arquitectura de recursos limitados. Quinta: la distinción entre regionalismo «crítico» y «sentimental» puede ser borrosa sin criterios claros.

¿Cómo critica Frampton el posmodernismo arquitectónico?

Frampton ve el posmodernismo historicista de arquitectos como Michael Graves como capitulación ante el mercado, como nostalgia que renuncia a las ambiciones transformadoras del modernismo. Critica la ornamentación superficial sin relación con la construcción real: columnas decorativas que no sostienen nada, arcos puramente gráficos. Para Frampton esto es fundamentalmente deshonesto, una traición a lo que la arquitectura podía ser. La arquitectura no debe reducirse a semiótica —comunicación mediante símbolos— sino que debe ser también poética de la construcción. Sin embargo, también critica el modernismo tardío que se había vuelto formulaico, que aplicaba el estilo internacional sin atención al contexto. Su posición es que ni el rechazo total del modernismo ni su repetición acrítica son adecuados.

¿Por qué sigue siendo relevante el libro hoy?

Primero, porque es la introducción más completa y sofisticada a la arquitectura moderna, usada en escuelas de arquitectura globalmente. Segundo, el regionalismo crítico es extraordinariamente relevante en época de crisis climática donde la arquitectura debe responder a condiciones locales, y de globalización que genera resistencia. Tercero, el énfasis en la tectónica recuerda que la arquitectura es experiencia material, no solo imagen visual, crucial en época de arquitecturas diseñadas para Instagram. Cuarto, el método dialéctico ofrece modelo para la crítica: reconocer tensiones sin resolverlas prematuramente, mantener complejidad en debates polarizados. Quinto, las sucesivas ediciones han incorporado desarrollos posteriores, mostrando adaptabilidad del enfoque. A pesar de limitaciones, permanece como punto de partida necesario para comprender el entorno construido contemporáneo.

Tags: libros arquitectura
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