La arquitectura contextual mediterránea representa una aproximación al proyecto arquitectónico donde el paisaje, el clima y los materiales locales no son meros condicionantes, sino los verdaderos autores del diseño. Frente a la globalización de lenguajes arquitectónicos que podrían replicarse en cualquier geografía, la arquitectura contextual mediterránea recupera una sabiduría milenaria: cada lugar tiene su propia voz material, térmica y lumínica.
En el litoral levantino español, donde la piedra caliza anaranjada emerge naturalmente del suelo, donde la luz mediterránea alcanza intensidades que requieren protección pero también celebración, y donde las brisas marinas permiten prescindir de climatización artificial buena parte del año, proyectar desde el contexto no es romanticismo sino eficiencia, identidad y honestidad constructiva.

Casa Petra, diseñada por la arquitecta Reme Giner en Moraira, ejemplifica este enfoque con una claridad que trasciende la excepcionalidad del proyecto residencial de alta gama para convertirse en manifiesto construido de arquitectura contextual. Con más de 440 metros cuadrados interiores desplegados en dos niveles sobre rasante y un semisótano, la vivienda no impone una geometría preconcebida sobre el terreno, sino que emerge de él mediante una estrategia que hace de la piedra natural local, de la pendiente suave con orientación sur y de las estrategias pasivas de confort climático sus tres pilares proyectuales.
La alternancia de volúmenes pétreos de mampostería y volúmenes blancos genera una composición tectónica donde la materia densa y arraigada dialoga con la ligereza etérea, creando espacios intermedios que median entre interior y exterior con la naturalidad que solo la arquitectura profundamente vinculada a su lugar puede alcanzar.
Este artículo analiza los fundamentos de la arquitectura contextual mediterránea, desde sus raíces en la tradición vernácula hasta su reinterpretación contemporánea, pasando por el papel identitario de la piedra mediterránea, las estrategias bioclimáticas pasivas y el análisis detallado de Casa Petra como caso de estudio que demuestra cómo proyectar desde el paisaje produce arquitectura más sostenible, más eficiente y, paradójicamente, más universal en su capacidad de dialogar con el entorno específico que la acoge.
Del vernáculo al contemporáneo: arquitectura contextual en el Mediterráneo
La arquitectura contextual no es invención reciente sino recuperación actualizada de una lógica constructiva que durante milenios fue la única posible: construir con lo que el lugar ofrece, protegerse del clima específico de ese lugar, orientar según el recorrido solar de esa latitud concreta.
En el ámbito mediterráneo, esta lógica generó tipologías vernáculas extraordinariamente coherentes desde Portugal hasta Turquía: muros gruesos de piedra local para inercia térmica, aberturas pequeñas en fachadas sur y oeste para limitar ganancia solar estival, patios y espacios intermedios para generar microclimas, cubiertas de teja cerámica como evacuación natural del calor. La casa mediterránea tradicional no respondía a un ideal estético sino a condicionantes materiales y climáticos que, paradójicamente, generaban una belleza funcional reconocible.
La llegada de la modernidad arquitectónica del siglo XX, con su fe en la universalidad del proyecto y en la capacidad de la técnica para independizar la arquitectura del lugar, produjo una desconexión dramática. El Estilo Internacional prometía que un edificio podía funcionar igual en Nueva York que en Dubái simplemente ajustando sistemas mecánicos de climatización.
En el contexto mediterráneo español, las décadas de 1960 a 1990 vieron proliferar construcciones que ignoraban completamente la sabiduría acumulada: fachadas acristaladas orientadas al oeste sin protección solar, materiales importados sin relación con el entorno, dependencia absoluta de aire acondicionado para compensar errores de diseño básico. La Costa Blanca, donde se ubica Moraira, sufrió especialmente esta desconexión con tipologías turísticas que podían estar en cualquier litoral cálido del planeta.
La arquitectura contextual contemporánea emerge como corrección necesaria de esos excesos, pero no como nostalgia reaccionaria sino como síntesis actualizada. No se trata de reproducir literalmente la casa tradicional mediterránea, sino de recuperar sus principios fundacionales traducidos a lenguaje, materiales y técnicas actuales.
Esto implica reconocer que la piedra mediterránea sigue siendo el mejor aislante natural de la zona por su inercia térmica, pero combinándola con aislamientos técnicos contemporáneos. Implica recuperar la protección solar mediante voladizos y mallorquinas, pero ejecutadas con carpinterías de aluminio de alta prestación. Implica recuperar la ventilación cruzada como estrategia pasiva de confort, pero optimizándola mediante simulaciones digitales de flujos de aire.

El término «arquitectura contextual» se consolida en las últimas dos décadas como marco teórico que legitima esta aproximación. Kenneth Frampton, en su influyente ensayo «Hacia un regionalismo crítico», argumentaba ya en 1983 que la resistencia a la homogeneización global requería una arquitectura «doblemente codificada»: atenta a las condiciones específicas del lugar (topografía, clima, materiales, cultura constructiva) pero sin renunciar a técnicas y lenguajes contemporáneos. En el contexto mediterráneo español, arquitectos como Rafael Moneo, Enric Miralles o, más recientemente, estudios como RCR Arquitectes han demostrado que la especificidad contextual no limita sino que potencia la capacidad expresiva y experimental del proyecto.
Casa Petra se inscribe en esta genealogía de arquitectura contextual mediterránea consciente. Reme Giner no reproduce una masía tradicional levantina, pero tampoco proyecta una caja abstracta que podría estar en cualquier lugar. La alternancia de volúmenes pétreos y blancos, la rotación del cuerpo superior para optimizar vistas y orientación, el uso de mallorquinas correderas como filtro solar, la incorporación de porches profundos como espacios intermedios climáticamente modulados, son todas decisiones que traducen la sabiduría vernácula mediterránea a un lenguaje contemporáneo limpio y sobrio. La piedra mediterránea local, con su tonalidad anaranjada característica de la zona de Moraira, se convierte no en decoración nostálgica, sino en sistema estructural y térmico que arraiga literalmente el edificio en su geografía específica.
La tosca: piedra natural como identidad territorial del litoral norte de Alicante
La piedra natural en arquitectura mediterránea no es un material genérico sino una familia diversa de calizas, areniscas y margas cuya composición, color y propiedades físicas varían según la geología específica de cada comarca. En la Costa Blanca, la piedra caliza de tonalidad ocre-anaranjada que caracteriza el paisaje de Moraira, Jávea y Benitachell proviene de formaciones del Cretácico superior que afloran naturalmente en el territorio.
Esta piedra se llama tosca, y es extraída tradicionalmente de canteras locales a pocos kilómetros de distancia, ha sido material fundamental de la arquitectura levantina durante siglos por razones que van más allá de la mera disponibilidad: su porosidad controlada permite transpirabilidad higroscópica, su densidad media proporciona excelente inercia térmica sin peso estructural excesivo, su durabilidad frente a la erosión salina del ambiente marítimo es superior a muchos materiales industriales, y su capacidad de envejecer dignamente sin mantenimiento intensivo la convierte en opción sostenible a largo plazo.

La técnica constructiva tradicional con piedra mediterránea en mampostería, utilizada en Casa Petra, merece análisis detenido. A diferencia de la sillería regular donde cada pieza se corta a dimensiones exactas, la mampostería trabaja con piedras irregulares de diversas formas y tamaños que el maestro cantero ensambla mediante junteo manual.
Esta técnica, aparentemente primitiva, posee sofisticación técnica considerable: la irregularidad de las piezas distribuye tensiones de forma no lineal evitando concentraciones que podrían generar fisuras, la colocación manual garantiza que cada piedra apoye completamente sobre las inferiores sin espacios que comprometan estabilidad, y el junteo con mortero de cal tradicional permite ligeros movimientos que absorben dilataciones térmicas sin fractura. El resultado es un muro que funciona como sistema masa-resorte donde la rigidez de la piedra se combina con la flexibilidad controlada de las juntas.
Las propiedades térmicas de la piedra natural son especialmente relevantes en el contexto climático del litoral levantino. Con variaciones térmicas diarias que en verano pueden alcanzar 15-20°C entre noche y día, la capacidad de la piedra de absorber calor durante el día y liberarlo progresivamente durante la noche actúa como regulador térmico natural.
En Casa Petra, los muros de mampostería alcanzan espesores de 40-50 cm, lo que proporciona desfase térmico de aproximadamente 8-10 horas: el calor que incide sobre el muro exterior a mediodía no alcanza el interior hasta última hora de la tarde, cuando ya ha comenzado el enfriamiento nocturno. Combinada con estrategias de protección solar exterior y ventilación cruzada nocturna, esta inercia térmica de la piedra natural puede reducir necesidades de climatización artificial hasta un 40-50% comparado con construcciones ligeras sin masa térmica.

Pero la piedra natural en arquitectura contemporánea trasciende funcionalidad técnica para convertirse en elemento de identidad territorial. En una época donde la globalización comercial permite transportar cualquier material a cualquier lugar, la elección deliberada de piedra local constituye posicionamiento conceptual sobre el papel de la arquitectura como arraigo y pertenencia. Cuando un edificio como Casa Petra utiliza la misma piedra que forma los muros de bancales centenarios visibles desde sus ventanas, establece continuidad visual y material con el paisaje que lo rodea. No se trata de mimetismo literal, sino de pertenencia honesta: el edificio reconoce que forma parte de una geografía específica, que no es importación ajena sino extensión construida del territorio mismo.
La piedra natural, además, ofrece cualidades estéticas que materiales industriales difícilmente igualan. La irregularidad de su textura genera juegos de luz y sombra que cambian según hora del día y estación del año, evitando la monotonía de superficies perfectamente planas. Su coloración varía dentro de tonalidades cálidas ocres que vibran especialmente bajo la luz mediterránea de atardeceres largos.
Su capacidad de envejecer adquiriendo pátinas y texturas añade dimensión temporal que enriquece el edificio en lugar de degradarlo, como ocurre con muchos materiales contemporáneos que simplemente se deterioran. En Casa Petra, el contraste entre los volúmenes pétreos de mampostería y los volúmenes blancos lisos genera tensión compositiva que estructura la lectura del edificio: lo pétreo como basamento arraigado, lo blanco como cuerpo ligero que emerge. Esta dualidad material no es decorativa sino estructural del concepto mismo del proyecto.
Topografía y orientación: diseñar con el lugar
La topografía no es obstáculo a resolver, sino oportunidad a explotar en arquitectura contextual. La parcela de Casa Petra presenta pendiente suave descendente hacia el sur, condición aparentemente menor pero que determina decisiones fundamentales del proyecto. En lugar de explanar completamente el terreno mediante movimientos masivos de tierra para crear plataforma horizontal artificial, Reme Giner opta por estrategia de aterrazamiento progresivo que sigue las curvas naturales del terreno. Los volúmenes pétreos se escalonan adaptándose a la pendiente, generando espacios intermedios que median entre niveles sin necesidad de muros de contención excesivos. El resultado es edificio que parece emerger del terreno en lugar de imponerse sobre él, estrategia que además reduce drásticamente impacto visual desde distancia al minimizar la altura aparente.

Esta adaptación topográfica tiene consecuencias programáticas directas. El semisótano, excavado parcialmente en la pendiente, aprovecha la diferencia de nivel para generar espacios técnicos y garaje que tienen luz natural directa en su frente sur gracias al desnivel, evitando la sensación claustrofóbica de sótanos completamente enterrados.
La planta baja se despliega en la cota media de la parcela, estableciendo relación directa con jardín y piscina en continuidad casi plana que facilita la vida cotidiana. El volumen superior, retranqueado respecto al inferior, genera terrazas cubiertas que funcionan como espacios exteriores protegidos, mientras su elevación sobre el terreno natural optimiza vistas hacia el Mediterráneo que de otro modo quedarían parcialmente obstruidas por vegetación circundante.
La orientación solar constituye el otro gran condicionante contextual que determina la organización del proyecto. En la latitud de Moraira (38°N), el recorrido solar presenta características específicas que la arquitectura mediterránea tradicional conocía perfectamente: en verano, el sol alcanza alturas cenitales de 75° al mediodía, produciendo luz vertical intensa que penetra profundamente en espacios con aleros convencionales; en invierno, la altura solar máxima apenas supera 30°, generando luz rasante que puede calefaccionar pasivamente interiores si se permite su entrada. La estrategia correcta requiere protección solar en verano sin impedir ganancia solar invernal, equilibrio que muchas arquitecturas contemporáneas ignoran mediante acristalamiento indiscriminado que luego compensan con climatización intensiva.
Casa Petra responde a esta geometría solar mediante sistema diferenciado según orientación. Las estancias principales se despliegan hacia el sur, donde la generosidad de superficies acristaladas se compensa con voladizos dimensionados para bloquear radiación directa en verano (cuando el sol está alto) pero permitir su entrada en invierno (cuando el sol está bajo).
El cálculo del voladizo necesario surge de geometría solar básica: para latitud 38°N, un voladizo de 1,5 metros sobre ventana de 2,5 metros de altura proporciona sombra completa en julio-agosto (altura solar >70°) pero permite entrada solar directa diciembre-enero (altura solar <35°). Esta solución, conocida desde la antigüedad mediterránea, funciona sin consumo energético ni mantenimiento durante décadas.
En orientaciones este y oeste, donde el sol incide con ángulos bajos durante mañana y tarde generando deslumbramiento y sobrecalentamiento, Casa Petra utiliza estrategia dual. Los huecos se reducen en tamaño comparado con fachada sur, limitando ganancia térmica indeseada. Sobre ellos, mallorquinas correderas de lamas orientables permiten regulación manual precisa: cerradas completamente bloquean radiación directa manteniendo cierta ventilación, parcialmente abiertas dosifican entrada de luz difusa, completamente retraídas en horarios de menor incidencia solar.
Esta protección solar exterior, elemento tradicional mediterráneo actualizado, resulta infinitamente más eficaz que cortinas interiores: impide que la radiación alcance el vidrio y se convierta en calor dentro del espacio, interceptándola en el exterior donde puede disiparse por convección natural.

La fachada norte, donde el sol nunca incide directamente en ninguna estación, se reserva para espacios de servicio y circulaciones que no requieren iluminación natural intensa. Los huecos son menores, limitando pérdidas térmicas en invierno sin sacrificar funcionalidad. Esta diferenciación de tratamiento según orientación, evidente en la composición volumétrica de Casa Petra, refleja honestidad constructiva donde cada fachada responde a sus condicionantes específicos en lugar de perseguir simetría compositiva abstracta que ignore realidad climática.

La rotación del volumen superior respecto al inferior, decisión aparentemente formal, responde también a optimización contextual. El giro permite que los dormitorios del nivel superior, además de orientación sur general, capturen vistas diagonales hacia el mar que la orientación ortogonal no permitiría. Simultáneamente, genera terrazas y espacios exteriores cubiertos en los retranqueos, creando microclimas protegidos de vientos dominantes pero abiertos a brisas marinas que favorecen ventilación natural.
Esta complejidad volumétrica surge directamente de lectura atenta de topografía, orientación y vistas, demostrando que la arquitectura contextual no es simplismo formal sino complejidad derivada de responder simultáneamente a múltiples condicionantes del lugar.
Estrategias pasivas en clima mediterráneo
El clima mediterráneo del litoral levantino español presenta características que hacen de las estrategias pasivas de confort herramientas especialmente eficaces. Con veranos cálidos y secos (temperaturas máximas 28-35°C, humedad relativa 40-60%), inviernos suaves (temperaturas mínimas rara vez bajo 5°C) y precipitaciones concentradas en otoño y primavera, las condiciones permiten confort térmico interior sin climatización mecánica durante aproximadamente 6-7 meses al año mediante diseño adecuado.
Los meses problemáticos son julio-agosto por sobrecalentamiento diurno, y enero-febrero por necesidad de calefacción ligera. El resto del año, combinación de inercia térmica, ventilación natural y protección solar puede mantener interiores en rango de confort (20-26°C) sin consumo energético.

La inercia térmica, proporcionada en Casa Petra por los muros de piedra mediterránea de mampostería, constituye la primera línea de defensa pasiva. En verano, cuando la oscilación térmica diaria alcanza 15-20°C (35°C de día, 20°C de noche), la masa térmica absorbe calor durante el día retrasando su transmisión al interior.
Durante la noche, cuando las temperaturas exteriores bajan hasta 20-22°C, se abre completamente el edificio mediante ventilación cruzada, evacuando el calor acumulado en los muros y enfriando su masa térmica. Al amanecer siguiente, los muros comienzan el día con temperatura inferior a la ambiental, actuando como sumidero térmico que absorbe calor del interior antes de que este se sobrecaliente. Este ciclo de carga-descarga térmica nocturna puede mantener interiores 5-7°C por debajo de temperatura exterior máxima sin consumo energético.
La ventilación cruzada, estrategia tradicional mediterránea recuperada en arquitectura contemporánea consciente, requiere comprensión de mecánica de fluidos básica aplicada a climatización natural. El principio es simple: aire caliente asciende por convección natural (efecto chimenea), mientras aire fresco exterior puede entrar por aberturas en fachadas opuestas o niveles inferiores.
En Casa Petra, la organización en dos niveles facilita ventilación por efecto chimenea: el aire caliente acumulado en planta superior se evacúa por huecos altos orientados a sotavento, mientras aire fresco entra por planta baja en fachadas a barlovento. Esta circulación de aire, imperceptible como corriente pero efectiva como evacuación térmica, puede renovar completamente el volumen interior en 30-45 minutos sin ventilación forzada mecánica.
La orientación de huecos para ventilación natural no es arbitraria sino derivada de conocimiento de vientos dominantes locales. En la costa de Alicante, el régimen de brisas marinas presenta patrón diario predecible: durante el día, la tierra se calienta más rápidamente que el mar, generando ascenso de aire sobre tierra que es reemplazado por brisa marina (viento del sureste) que puede alcanzar 15-20 km/h. Durante la noche, el proceso se invierte con brisa terrestre más suave (viento del noroeste).
Casa Petra aprovecha este régimen abriendo fachadas sureste para captar brisas marinas durante tardes de verano, maximizando la ventilación refrescante precisamente cuando es más necesaria. La ausencia de obstáculos cercanos en esa orientación favorece que las brisas alcancen el edificio sin perturbaciones que reducirían su efectividad.
Los espacios intermedios, elementos característicos de arquitectura mediterránea tradicional actualizados en Casa Petra mediante porches cubiertos y terrazas, funcionan como zonas de transición climática que modulan el paso de exterior a interior. Un porche profundo orientado al sur actúa como cámara de amortiguación térmica: el aire bajo el porche, protegido de radiación solar directa pero abierto lateralmente, mantiene temperaturas intermedias entre pleno sol exterior (35°C) e interior climatizado (24-25°C).
Esta gradación térmica reduce demanda energética de climatización al minimizar el choque térmico entre ambientes, mientras funcionalmente genera espacio habitable exterior durante gran parte del año, ampliando efectivamente la superficie útil de la vivienda sin coste energético.

La protección solar exterior mediante mallorquinas correderas, mencionada anteriormente, merece profundización técnica. Estudios de eficiencia energética demuestran que la protección solar exterior (que impide radiación antes de alcanzar vidrio) reduce ganancia térmica hasta 85% comparada con protección interior (cortinas, persianas interiores) que solo reduce 30-40%.
La razón es termodinámica: una vez que la radiación atraviesa el vidrio, se convierte en calor infrarrojo que queda atrapado dentro por efecto invernadero. Las mallorquinas exteriores interceptan radiación en el exterior, donde el calor generado se disipa por convección natural sin afectar el interior. En Casa Petra, su operación manual garantiza adaptabilidad precisa según condiciones específicas: cerradas completamente en horas de máxima incidencia, lamas orientadas para luz difusa en horarios intermedios, retraídas completamente en invierno para maximizar ganancia solar pasiva.
En invierno, cuando las necesidades son inversas (captar radiación solar, retener calor interno, minimizar pérdidas), la misma arquitectura responde mediante configuración diferente. Los voladizos que bloqueaban sol de verano permiten entrada de sol bajo invernal. Las mallorquinas se retraen completamente permitiendo calefacción solar pasiva directa.
La ventilación se reduce a mínimos higiénicos, mientras la masa térmica de los muros pétreos, calentada durante el día invernal, libera ese calor progresivamente durante la noche, actuando como radiador natural de descarga lenta. Esta reversibilidad estacional, inherente a la arquitectura contextual bien diseñada, ejemplifica cómo responder al lugar implica responder también al tiempo, a los ciclos anuales de ese lugar específico.
Casa Petra en Moraira: un caso de estudio de arquitectura contextual
Casa Petra, proyectada por Reme Giner Arquitectura en Moraira, un enclave de la Costa Blanca caracterizado por su topografía suave, vegetación mediterránea de pino carrasco y lentisco, y vistas al mar desde cotas elevadas, constituye materialización ejemplar de los principios de arquitectura contextual analizados.
Con 443 metros cuadrados interiores distribuidos en dos niveles sobre rasante y un semisótano, más 60 metros cuadrados de espacios exteriores cubiertos y 131 metros cuadrados de terrazas descubiertas, el proyecto desarrolla programa residencial contemporáneo sin renunciar a integración profunda con las condiciones específicas del lugar.
El concepto generador del proyecto, según la propia arquitecta, parte de la «alternancia de volúmenes pétreos y blancos para generar una arquitectura en equilibrio con la topografía, la luz y el clima mediterráneo». Esta dualidad material no es meramente compositiva sino estructural del sistema tectónico del edificio. Los volúmenes pétreos, ejecutados mediante muros de carga de mampostería en piedra caliza local, funcionan como basamento pesado y arraigado que emerge del terreno.
Su condición de muros portantes les confiere espesor necesario (40-50 cm) para proporcionar la inercia térmica que regula temperatura interior, mientras su materialidad vincula visualmente el edificio con el paisaje circundante donde aflora la misma piedra en formaciones naturales. Sobre este basamento pétreo, los volúmenes blancos, ejecutados mediante fábrica revestida sobre estructura de hormigón armado, emergen como cuerpos más ligeros que parecen flotar, estableciendo contraste masa-ligereza que articula la composición.
La secuencia espacial desde el acceso revela estrategia de aproximación gradual característica de arquitectura contextual consciente. El visitante no accede frontalmente al volumen principal sino que es conducido lateralmente a través de muros de piedra natural que delimitan recorrido entre vegetación autóctona, generando transición desde lo público-viario hacia lo privado-doméstico.
Esta secuencia de umbral, propia de arquitectura mediterránea tradicional pero reinterpretada contemporáneamente, prepara sensorialmente el ingreso: la textura rugosa de la mampostería, el olor de pino y romero, el sonido de grava bajo los pasos, construyen experiencia de aproximación que contextualiza el edificio antes de penetrar en él.

El programa funcional se organiza respondiendo tanto a criterios de uso contemporáneo como a optimización climática y visual. La planta baja concentra espacios de uso diurno: salón de 50 metros cuadrados con continuidad visual hacia jardín y piscina, comedor integrado, cocina abierta con zona de despensa y lavadero, y un dormitorio en suite orientado al sur.
La generosidad dimensional de estos espacios, con alturas de 3,10 metros que facilitan estratificación térmica y ventilación por efecto chimenea, contrasta con la compacidad del volumen exterior, demostrando que la arquitectura contextual no implica renuncia a espacialidad contemporánea. El salón se abre mediante carpinterías correderas de aluminio de suelo a techo que, retraídas completamente, disuelven el límite interior-exterior, extendiendo el espacio habitable hasta el porche cubierto de 35 metros cuadrados que funciona como sala exterior durante gran parte del año.





La planta superior, retranqueada y ligeramente rotada respecto al cuerpo inferior, alberga zona de dormitorios: dormitorio principal de 30 metros cuadrados con baño integrado de 12 metros cuadrados y vestidor, dos dormitorios secundarios de 18 metros cuadrados cada uno, y baño compartido.
La rotación del volumen superior, de aproximadamente 15° respecto al eje del cuerpo inferior, responde a triple optimización: maximiza vistas diagonales hacia el Mediterráneo desde dormitorio principal, genera terrazas en los retranqueos que amplían funcionalmente cada dormitorio, y crea sombras proyectadas sobre fachadas del cuerpo inferior que mejoran comportamiento térmico en verano. Esta complejidad volumétrica, aparentemente gestual, surge de respuesta simultánea a múltiples condicionantes del lugar.



El semisótano, excavado parcialmente aprovechando la pendiente natural del terreno, aloja garaje para dos vehículos con acceso directo desde rampa, espacios técnicos (sala de instalaciones, lavandería adicional, almacenamiento), y espacio polivalente de 40 metros cuadrados con iluminación y ventilación natural directa gracias al desnivel del terreno.
Este espacio, pensado como sala multiusos que puede funcionar como gimnasio, sala de juegos o zona de trabajo, demuestra que incluso los niveles semisótanos pueden integrarse en la secuencia de espacios habitables si se aprovecha inteligentemente la topografía. La luz natural que penetra desde la fachada sur, filtrada por la vegetación del jardín en esa cota, proporciona iluminación difusa agradable que evita la dependencia de iluminación artificial diurna.

La materialidad interior complementa y enriquece la dualidad pétreo-blanco del exterior. Los pavimentos continuos en gres porcelánico de gran formato en tonalidad neutra gris cálido proporcionan continuidad visual entre espacios mientras facilitan mantenimiento. Las carpinterías interiores y elementos de mobiliario integrado se ejecutan en madera natural de pino tratado, cuya tonalidad miel aporta calidez que contrasta con la neutralidad cromática de suelos y paredes blancas.
Los techos incorporan vigas vistas de madera laminada en zonas de mayor luz libre, solución estructural que simultáneamente aporta carácter espacial y mejora comportamiento acústico. La piedra natural, presente exteriormente como material estructural, se introduce selectivamente en interiores como elemento de acento: muro de mampostería vista en zona de acceso, banco de piedra integrado en porche exterior, pavimento de losas irregulares en terrazas.

Las instalaciones técnicas, aunque invisibles en la experiencia arquitectónica cotidiana, reflejan también filosofía de arquitectura contextual que prioriza estrategias pasivas sobre dependencia tecnológica.
La climatización, necesaria solo en meses extremos gracias a las estrategias pasivas mencionadas, se resuelve mediante sistema de aerotermia de bajo consumo combinado con suelo radiante-refrescante. Este sistema, más eficiente que aire acondicionado convencional, funciona con temperaturas moderadas (29-30°C en calefacción, 18-19°C en refrigeración) que la inercia térmica de los muros pétreos facilita distribuir uniformemente.
La producción de agua caliente sanitaria se apoya con paneles solares térmicos integrados en cubierta, cubriendo aproximadamente 70% de la demanda anual sin impacto visual desde espacios principales. La iluminación artificial, necesaria solo en horario nocturno gracias a la profundidad lumínica que permite la orientación solar optimizada, utiliza tecnología LED de bajo consumo con regulación de intensidad según zona y uso.
Casa Petra demuestra que la arquitectura contextual mediterránea contemporánea no es limitación sino potenciación del proyecto. Lejos de restringir libertad proyectual, la atención profunda a lugar, clima y materiales locales genera arquitectura más rica, más compleja y, paradójicamente, más universal en su capacidad de dialogar con el entorno específico que la acoge.
Reme Giner ha proyectado una casa que no podría estar en cualquier lugar, ni tampoco es una reproducción nostálgica de arquitectura tradicional, sino una síntesis contemporánea que reconoce que cada lugar tiene su propia voz material y climática, y que escuchar esa voz produce arquitectura más honesta, más eficiente y más bella.
La mampostería como lenguaje contemporáneo
La técnica de mampostería, construcción mediante piedras irregulares junteadas con mortero, podría parecer anacronismo en época de prefabricación industrializada y diseño digital paramétrico. Sin embargo, arquitecturas recientes que incorporan mampostería vista, como Casa Petra pero también proyectos de estudios como Herzog & de Meuron (Dominus Winery), Peter Zumthor (Capilla de San Benedicto) o RCR Arquitectes (Casa Entremuros), demuestran que esta técnica milenaria puede actualizarse como lenguaje expresivo contemporáneo con ventajas técnicas, estéticas y sostenibles que materiales industriales difícilmente igualan.
La mampostería contemporánea difiere de su antecedente tradicional en aspectos técnicos que mejoran prestaciones sin alterar esencia material. En Casa Petra, los muros de mampostería no son simplemente apilamiento de piedras sino sistema compuesto: cara exterior de mampostería vista en piedra mediterránea local, cámara interior con aislamiento térmico de lana de roca de 8 cm, y trasdosado interior que puede ser fábrica cerámica o panelado según zona.
Esta estratificación proporciona simultaneidad de inercia térmica (masa de la piedra), aislamiento (cámara con lana de roca) y acabado interior controlado, resultando en muro con transmitancia térmica U=0,30 W/m²K que cumple con creces normativa CTE pero lo hace mediante combinación de técnica ancestral y tecnología actual.

El junteo de la mampostería también evoluciona técnicamente. Frente al mortero de cal tradicional, susceptible a erosión por lluvia y degradación salina en ambientes costeros, Casa Petra utiliza mortero técnico con resinas que mejoran adherencia y resistencia sin alterar apariencia.
El rejuntado, ejecutado en obra por maestros canteros especializados, se realiza rehundido respecto al plano de las piedras, técnica que enfatiza individualidad de cada pieza mientras protege las juntas de escorrentía directa de agua de lluvia. El color del mortero, ligeramente más claro que las piedras, genera contraste sutil que lee cada piedra individualmente pero mantiene unidad cromática del conjunto.

La colocación de la mampostería, trabajo artesanal que requiere experiencia acumulada difícil de transmitir mediante manuales, constituye en sí misma acto de diseño. El maestro cantero selecciona cada piedra del acopio según forma, tamaño y tonalidad, decidiendo su posición en el muro para conseguir trabazón estructural adecuada (piedras largas que amarren el espesor del muro intercaladas con piedras menores que rellenan intersticios) y composición visual equilibrada (distribución de piezas grandes y pequeñas, alternancia de tonalidades, evitación de juntas continuas verticales u horizontales que debilitarían el conjunto).
Este proceso, que puede parecer aleatorio al observador no especializado, responde en realidad a lógica constructiva precisa que cada cantero aprende mediante práctica directa y que no puede automatizarse completamente.

El resultado estético de la mampostería vista contemporánea proporciona cualidades espaciales que materiales industriales lisos difícilmente igualan. La irregularidad de la textura genera vibraciones lumínicas continuas según ángulo de incidencia solar: cada piedra, con su geometría específica y ligeras variaciones cromáticas, refleja luz diferentemente, produciendo superficie viva que cambia sutilmente a lo largo del día.
Las sombras proyectadas entre piedras varían según altura solar, enfatizando tridimensionalidad del muro. Esta riqueza visual no es decoración aplicada sino consecuencia directa de la naturaleza material, ejemplo de honestidad constructiva donde apariencia refleja fielmente sistema constructivo real.
La sostenibilidad de la mampostería de piedra local merece consideración específica. Frente a materiales industriales cuya fabricación implica consumo energético intensivo (cemento, acero, aluminio) o distancias de transporte considerables (mármoles importados, maderas tropicales), la piedra mediterránea extraída en canteras locales a 15-20 km presenta huella de carbono mínima. Su extracción, mediante corte con sierra de hilo diamantado, no requiere explosivos que fragmentarían la piedra. Su transporte, al ser local, minimiza emisiones por logística.
Su colocación, manual sin maquinaria pesada, no consume energía significativa. Y su durabilidad centenaria sin mantenimiento intensivo (a diferencia de pinturas que requieren renovación decenal o revestimientos industriales que degradan) convierte la inversión inicial en amortización a muy largo plazo.

Proyectos internacionales recientes demuestran versatilidad expresiva de mampostería contemporánea. En Dominus Winery de Herzog & de Meuron (California, 1998), gaviones metálicos rellenos de piedra local generan fachadas que funcionan como masa térmica y filtro solar simultáneamente, reinterpretando mampostería mediante lógica industrial-artesanal híbrida.
En proyectos de Peter Zumthor como Termas de Vals (Suiza, 1996) o Capilla de San Benedicto (Alemania, 1989), la mampostería de piedra local se ejecuta con precisión casi de sillería, generando superficies de textura controlada donde cada junta es diseñada. RCR Arquitectes, en proyectos como Casa Entremuros (Girona, 2010), combina mampostería irregular de piedra volcánica local con acero corten, generando diálogos materiales entre tradición y modernidad, peso y ligereza, permanencia y transformación.
Casa Petra se inscribe en esta genealogía contemporánea de arquitectura que recupera la mampostería no como nostalgia, sino como herramienta proyectual vigente. Los volúmenes pétreos del proyecto no son decoración aplicada sobre estructura oculta sino estructura portante real cuya materialidad determina espacialidad, comportamiento térmico y carácter del edificio.
La decisión de Reme Giner de visibilizar este sistema constructivo, dejándolo visto tanto exterior como interiormente en zonas específicas, constituye honestidad arquitectónica coherente con arquitectura contextual: el edificio muestra lo que es, construye su imagen desde su materialidad real, no necesita capas cosméticas que enmascaren su naturaleza constructiva.
Otros ejemplos de arquitectura contextual en España
Casa Petra no es caso aislado sino parte de corriente arquitectónica española que, especialmente en las últimas dos décadas, recupera atención al contexto como generador proyectual. Esta tendencia, impulsada tanto por conciencia ecológica creciente como por búsqueda de identidad arquitectónica no globalizada, produce proyectos diversos que comparten metodología común: leer profundamente las condiciones específicas del lugar (topografía, clima, materiales locales, cultura constructiva) y proyectar desde esa lectura en lugar de imponer tipologías preconcebidas.
En el ámbito levantino próximo a Casa Petra, proyectos como Casa Alcuzcuz de 05 AM Arquitectura (Málaga) utilizan mampostería de piedra local en estrategia compositiva donde muros pétreos generan espacios de patios que estructuran la domesticidad mediterránea contemporánea. La piedra, además de definir límites espaciales, proporciona inercia térmica crucial en clima andaluz con oscilaciones térmicas diarias superiores a las del litoral alicantino.
En Casa del Acantilado de Fran Silvestre Arquitectos (Alicante), aunque la materialidad predominante es hormigón blanco visto, la estrategia contextual se manifiesta en la implantación dramática que aprovecha topografía de acantilado para generar vistas hacia el Mediterráneo mientras minimiza impacto visual desde tierra mediante enterramiento parcial.
En Baleares, donde la tradición de arquitectura vernácula con piedra marés es especialmente fuerte, estudios como Munarq Arquitectes demuestran actualización contemporánea consistente. Proyectos como Casa Marratxí o Casa Binissalem utilizan mampostería de marés vista combinada con carpinterías mínimas de acero que generan diálogos entre masa pétrea y transparencia vítrea.
La piedra marés, más blanda y porosa que la caliza levantina, requiere protecciones específicas pero proporciona capacidades higroscópicas superiores, regulando humedad interior sin sistemas mecánicos. Estos proyectos recuperan también estrategias espaciales tradicionales mallorquinas: patios como reguladores climáticos, porches profundos como espacios intermedios, aljibes para captación de agua pluvial integrados en la arquitectura.
En contexto gallego, donde el clima atlántico de alta pluviometría y temperaturas moderadas difiere radicalmente del mediterráneo, la arquitectura contextual responde con estrategias diferentes que demuestran que no existe receta universal. Proyectos de Andrés Regueiro o MGM Arquitectos utilizan mampostería de granito local, material omnipresente en paisaje gallego, pero lo combinan con sistemas de evacuación de agua y protección de humedades radicalmente diferentes a los del contexto mediterráneo.
La orientación prioritaria es sur para maximizar captación solar en clima con menor insolación, mientras la protección de lluvias mediante aleros generosos y bajantes vistos se convierte en elemento formal característico. La vegetación autóctona, con predominio de robles y castaños en lugar de pino y encina mediterráneos, genera paisajes que la arquitectura contextual respeta integrándose cromática y volumétricamente.
En ambiente montañoso pirenaico, donde la piedra local es pizarra o gneis en lugar de caliza, estudios como Alventosa Morell Arquitectes o Josep Camps – Olga Felip demuestran arquitectura contextual que responde a condicionantes extremos de clima alpino: nieve abundante que requiere cubiertas de pendiente pronunciada, oscilaciones térmicas dramáticas entre día-noche que demandan inercia térmica máxima, orientación solar crítica por obstáculos orográficos.
Proyectos como Casa R en Pirineos (Alventosa Morell) utilizan muros de mampostería en piedra local de 60-80 cm de espesor, superiores a los necesarios en costa mediterránea, mientras la cubierta inclinada de pizarra vista responde tanto a evacuación de nieve como a tradición constructiva secular de la comarca.
RCR Arquitectes, galardonados con Pritzker 2017, representan caso paradigmático de arquitectura contextual que sin embargo trasciende localismo. Su trabajo, profundamente arraigado en paisaje volcánico de la Garrotxa catalana, utiliza sistemáticamente piedra basáltica local en muros de mampostería que generan arquitecturas de tonalidad oscura que se integran con bosques de robles y hayedos.
Proyectos como Pabellón de Baño y Vestuarios en Tussols-Basil o Casa Horizonte demuestran que atención al contexto no impide sino que potencia experimentación formal y espacial. La piedra volcánica, más oscura y densa que caliza mediterránea, genera atmósferas diferentes pero metodología proyectual es análoga: leer materiales, topografía y clima del lugar como generadores del proyecto.
El denominador común de todos estos proyectos, Casa Petra incluida, es rechazo de soluciones universales aplicables en cualquier lugar en favor de respuestas específicas derivadas del contexto.
Esta arquitectura no es regionalismo nostálgico, sino contemporaneidad consciente que reconoce que la globalización no implica homogeneización, que cada territorio tiene recursos materiales y climáticos específicos cuyo aprovechamiento inteligente produce arquitectura más eficiente, más sostenible y, finalmente, más arraigada.
En época de crisis climática y energética, esta recuperación de sabiduría contextual ancestral actualizada con técnicas contemporáneas no es romanticismo sino pragmatismo necesario.
Fotografía: Alfonso Calza
Proyecto: Casa Petra, Moraira (Alicante)
Arquitectura: Reme Giner Arquitectura
Año: 2025
Preguntas frecuentes
¿Qué es arquitectura contextual mediterránea?
Arquitectura contextual mediterránea es aproximación proyectual que toma el paisaje, el clima y los materiales locales del ámbito mediterráneo como generadores fundamentales del diseño arquitectónico. No se trata de reproducir literalmente tipologías tradicionales sino de actualizar principios vernáculos mediante técnicas y lenguajes contemporáneos.
En el contexto mediterráneo español, esto implica responder a clima caracterizado por veranos cálidos y secos, inviernos suaves, alta insolación anual y oscilaciones térmicas diarias significativas. La piedra local, generalmente caliza de tonalidad cálida, se convierte en material identitario que proporciona inercia térmica crucial para regulación pasiva de confort. La orientación solar determina organización de espacios y dimensionamiento de protecciones solares.
La ventilación natural aprovecha brisas marinas predecibles. El resultado es arquitectura que no podría ser exactamente igual en otro lugar porque responde a condicionantes únicos de su geografía específica.
¿Por qué utilizar piedra local en lugar de materiales industriales modernos?
La piedra local ofrece ventajas múltiples que justifican su uso contemporáneo más allá de consideraciones estéticas o nostálgicas. Desde perspectiva térmica, la piedra natural proporciona inercia térmica superior a materiales ligeros: un muro de mampostería de 40-50 cm genera desfase térmico de 8-10 horas que amortigua oscilaciones térmicas exteriores sin consumo energético.
Desde perspectiva de sostenibilidad, la piedra local extraída en canteras próximas presenta huella de carbono mínima comparada con materiales industriales cuya fabricación requiere temperaturas elevadas (cemento, acero) o transporte desde distancias considerables (mármoles importados, maderas exóticas). Su durabilidad centenaria sin mantenimiento intensivo contrasta con materiales que degradan en décadas requiriendo reposición.
Desde perspectiva de identidad territorial, la piedra natural en arquitectura conecta visualmente el edificio con el paisaje geológico del que forma parte, generando pertenencia en lugar de importación ajena. Finalmente, desde perspectiva estética, la irregularidad natural de la piedra genera riqueza textural y cromática que superficies industriales perfectamente planas no proporcionan.
¿Qué significa que un volumen esté «retranqueado» en arquitectura?
Retranqueo es término arquitectónico que describe desplazamiento horizontal de un volumen superior respecto a la planta del volumen inferior sobre el que apoya.
En Casa Petra, el volumen de planta superior está retranqueado respecto a la planta baja, generando terrazas cubiertas en los espacios resultantes del retranqueo. Esta estrategia compositiva produce múltiples beneficios: genera espacios exteriores protegidos que amplían funcionalmente la superficie habitable, crea sombras sobre fachadas inferiores mejorando comportamiento térmico en verano, reduce impacto visual del edificio al escalonar volumetrías en lugar de generar volumen único masivo, y permite optimizar orientaciones diferentes para plantas diferentes según sus usos específicos.
El retranqueo no es decisión meramente formal sino herramienta proyectual con consecuencias programáticas, climáticas y perceptivas. En arquitectura contextual mediterránea, los retranqueos frecuentemente responden a topografía del terreno, escalonando volúmenes para seguir curvas de nivel naturales y minimizar movimientos de tierra.
¿Las mallorquinas son solo elemento decorativo tradicional?
Absolutamente no. Las mallorquinas, persianas de lamas orientables exteriores tradicionales en arquitectura mediterránea, constituyen sistema de protección solar exterior de extraordinaria eficacia técnica que explica su pervivencia secular.
La clave está en su posición exterior: interceptan radiación solar antes de que alcance el vidrio, impidiendo que se convierta en calor dentro del espacio por efecto invernadero. Estudios de eficiencia energética demuestran que protección solar exterior reduce ganancia térmica hasta 85%, mientras protección interior (cortinas, estores) solo reduce 30-40% porque la radiación ya atravesó el vidrio y se convirtió en calor atrapado.
Las lamas orientables permiten regulación precisa según hora del día: completamente cerradas bloquean radiación directa manteniendo ventilación, parcialmente abiertas dosifican luz difusa, completamente abiertas en invierno maximizan ganancia solar pasiva. Su operación manual garantiza adaptación específica a condiciones cambiantes sin automatismos que se averían. Las mallorquinas contemporáneas en aluminio lacado combinan durabilidad ante salinidad marina con mantenimiento mínimo, actualizando tecnológicamente principio vernáculo ancestral.
¿Cómo funciona la ventilación cruzada en climas cálidos?
Ventilación cruzada es estrategia de refrigeración pasiva que aprovecha diferencias de presión entre fachadas opuestas de un edificio para generar circulación de aire que evacua calor sin ventilación mecánica. El principio se basa en que el aire caliente asciende por convección (efecto chimenea) mientras aire fresco puede entrar por aberturas en cotas inferiores o fachadas a barlovento.
En Casa Petra, la organización en dos niveles con huecos operables en fachadas opuestas permite que el aire caliente acumulado en planta superior se evacúe por huecos altos orientados a sotavento (lado opuesto al viento), mientras aire fresco exterior entra por planta baja en fachadas a barlovento.
En costa levantina, el régimen de brisas marinas diurnas proporciona viento natural constante que potencia esta ventilación. La efectividad requiere sección longitudinal del edificio sin compartimentaciones que bloqueen flujo de aire. La operación óptima es nocturna en verano: abrir completamente el edificio durante noche cuando temperatura exterior baja hasta 20-22°C, evacuando calor acumulado en masa térmica de muros y enfriándolos para que al día siguiente actúen como sumidero térmico absorbiendo calor interior.
¿Es la arquitectura contextual más cara que la construcción convencional?
La respuesta es compleja y depende de horizonte temporal considerado. En coste inicial de construcción, la arquitectura contextual puede presentar sobrecostes específicos: mampostería vista requiere mano de obra especializada más costosa que fábrica cerámica revestida; carpinterías de protección solar exterior de calidad tienen precio superior a persianas interiores básicas; orientación optimizada puede complicar distribución de instalaciones.
Sin embargo, estos sobrecostes iniciales (estimables en 8-12% sobre construcción convencional) se amortizan mediante ahorros operativos: reducción de consumo energético de climatización en 40-50% gracias a inercia térmica y estrategias pasivas; durabilidad superior de materiales naturales que requieren menos mantenimiento y reposiciones; adaptación al clima local que minimiza averías por condensaciones, sobrecalentamientos u otros problemas derivados de diseño inadecuado.
En análisis de ciclo de vida completo (50 años), la arquitectura contextual bien ejecutada resulta más económica que construcción convencional que debe compensar deficiencias de diseño mediante consumo energético perpetuo. Adicionalmente, proporciona beneficios no cuantificables económicamente: mayor confort térmico sin corrientes de aire forzado, conexión sensorial con materialidad natural, identidad arquitectónica no replicable.
¿Qué es inercia térmica y por qué es importante en arquitectura mediterránea?
Inercia térmica es capacidad de un material de absorber, almacenar y liberar calor gradualmente, actuando como regulador térmico que amortigua fluctuaciones de temperatura exterior. Materiales densos y masivos como piedra, hormigón o tierra poseen alta inercia térmica, mientras materiales ligeros como madera o paneles metálicos tienen inercia baja.
En clima mediterráneo con oscilaciones térmicas diarias de 15-20°C (35°C de día, 20°C de noche en verano), la inercia térmica resulta especialmente eficaz: un muro de piedra de 40-50 cm absorbe calor durante el día retrasando su transmisión al interior mediante desfase térmico de 8-10 horas, de modo que el calor del mediodía no alcanza el interior hasta noche cuando temperatura exterior ya descendió.
Durante la noche, ventilación cruzada evacuando calor acumulado en muros permite que estos comiencen el día siguiente con temperatura inferior a ambiental, actuando como sumidero térmico. Este ciclo de carga-descarga térmica puede mantener interiores 5-7°C bajo temperatura exterior máxima sin climatización mecánica. La importancia en arquitectura mediterránea radica en que el clima proporciona condiciones ideales (alta oscilación térmica diaria, temperatura nocturna confortable) para que inercia térmica funcione óptimamente como estrategia pasiva de confort.
¿Se puede construir arquitectura contextual en parcelas urbanas densas?
La arquitectura contextual no requiere necesariamente parcela amplia en entorno natural sino atención a condicionantes específicos del lugar, sea este urbano o rural. En contexto urbano denso, las condicionantes son diferentes pero igualmente específicas: orientación solar puede estar parcialmente obstruida por edificios colindantes lo que requiere optimizar luz indirecta y reflejada; vientos dominantes se modifican por efecto cañón urbano generando turbulencias que condicionan ventilación natural; vistas pueden ser limitadas lo que sugiere estrategias de patios interiores en lugar de orientación al exterior; materialidad puede referirse a texturas históricas del tejido urbano circundante en lugar de paisaje natural.
Proyectos urbanos de arquitectura contextual como rehabilitaciones en cascos históricos mediterráneos demuestran que atención al contexto específico produce intervenciones más coherentes: respeto de alturas y volumetrías existentes, incorporación de patios tradicionales como reguladores climáticos, utilización de materiales locales actualizados, adaptación a trama urbana irregular preexistente. La diferencia fundamental es metodológica: leer cuidadosamente condiciones del lugar específico y proyectar desde esa lectura, independientemente de si ese lugar es parcela rural o solar urbano.
¿Qué diferencia hay entre arquitectura contextual y arquitectura sostenible?
Aunque frecuentemente se solapan, arquitectura contextual y arquitectura sostenible no son sinónimos exactos. Arquitectura sostenible es concepto amplio centrado en minimizar impacto ambiental del edificio durante todo su ciclo de vida: consumo energético operativo, huella de carbono de materiales, gestión de residuos, consumo de agua, etcétera. Un edificio puede ser técnicamente sostenible utilizando tecnologías avanzadas (paneles fotovoltaicos, sistemas de recuperación de calor, materiales reciclados) independientemente de su relación con el contexto local. Arquitectura contextual, en cambio, centra su atención específicamente en responder a condiciones del lugar particular: clima, topografía, orientación, materiales locales, cultura constructiva.
Esta aproximación tiende a producir edificios sostenibles porque utilizar materiales locales reduce huella logística, aprovechar clima específico mediante estrategias pasivas minimiza dependencia energética, adaptarse a topografía reduce movimientos de tierra. Sin embargo, el énfasis conceptual es diferente: sostenibilidad es objetivo medible cuantitativamente, contextualismo es metodología proyectual cualitativa. Idealmente, ambos enfoques confluyen: arquitectura profundamente contextual tiende a ser sostenible, y sostenibilidad consciente reconoce valor de estrategias contextuales específicas frente a soluciones tecnológicas universales.
¿Cómo se dimensionan los voladizos para protección solar efectiva?
El dimensionamiento correcto de voladizos para protección solar requiere comprender geometría solar específica de la latitud del proyecto. El sol describe arco celeste cuya altura máxima varía según estación: en verano alcanza altura cenital elevada (75° en latitud 38°N como Moraira), mientras en invierno permanece bajo (30° máximo). El objetivo es diseñar voladizo que bloquee radiación directa en verano cuando sol está alto, pero permita entrada solar en invierno cuando sol está bajo, aprovechando ganancia térmica pasiva.
La fórmula básica es geométrica: para ventana de altura H orientada al sur en latitud L, el voladizo necesario V se calcula aproximadamente como V = H × tan(altitud solar mínima a proteger – 90°). En práctica, para latitud 38°N, ventana de 2,5 metros de altura requiere voladizo de aproximadamente 1,5 metros para sombra completa en solsticio verano (altitud solar 75°) permitiendo entrada solar en solsticio invierno (altitud solar 30°).
Software de simulación solar como Ecotect o Ladybug permiten verificación precisa considerando orientación exacta, obstrucciones circundantes y horarios de ocupación específicos. El voladizo debe ser exterior al plano de vidrio, preferiblemente ventilado por debajo para disipar calor acumulado por convección natural.

Bibliografía
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